Llevo la rutina cosida a mis pasos.
Misma hora, mismo sitio,
pero esa estatua del pasado ya no está,
ahora queda un vestigio del presente
que no me representa.
Me he sentado contigo y te invito a un café,
amiga encapuchada.
Se ha pasado a contarme
que las agujas del reloj nos ahogan
y nos ahogamos con ellas,
nos tiramos al futuro
sin recordar al amante presente.
Eso es lo que nos mata,
lo que nos hiere.
“Recuerda, carpe diem et noctem como forma de vida”
Vuelvo al incesante tecleo de una oficina gris
en un edificio rojo.
Luego voy a encontrarte,
a un café con la vida,
con la amistad,
con las puertas a otros mundos.
Aunque sueltas algún punto de sutura
de esas cicatrices ya bien cerradas,
me regalas más de lo que me pudieron destruir…
Hamodillah.
En la puerta del baño
de un bar cualquiera,
la conjunción copulativa que actúa como nexo
entre dos nombres
lo hace también entre mi pasado más cercano
y mis errores.
Los combato lanzando carcajadas al futuro,
o a la noche,
mañana recordaré las cicatrices.