Una noche de diciembre
que parecía de septiembre.
Las noches en portales ajenos
compartiendo lo puta que es la vida,
y las ganas que le tenemos.
Luego,
la esperanza vino a teñirse de verde,
por eso de la envidia
del calor de tu mirada.
Los poetas se desnudan
para alcanzar la pureza,
pero olvidan sus propósitos
al verte aparecer.
Siguen desnudos,
a versos descubiertos,
a poesía abierta.
La pena te huye,
que tu sonrisa es un sable
que la arranca de vidas ajenas,
para luego celebrarlo
con la víctima liberada
compartiendo el humo en tu banco favorito
o dejándote llevar
por tu rubia favorita.
Los versos sabor insomnio
que te cuelgan de la espalda
a la espera de un cualquiera
que sepa escribirlos
a la altura de la musa.
Una llamada inesperada
para luchar con la ansiedad
de un cuerpo caído,
que vienes a tender una mano
para hacerlo avanzar
y al oído decirle a gritos:
"¿ves?
Eres buena,
eres lista,
eres muy importante"
y a la mierda todos los libros de autoayuda
si sigues aquí...
Quizás,
me haya ganado el reloj,
pero tengo una libreta
llena de cosas bonitas
que se me quedaron por decir
y nunca te dije.
miércoles, 23 de abril de 2014
sábado, 19 de abril de 2014
A todas. A ninguna. A ti. A mí. A ellas.
Me sonrojo
al pensar en la mirada que llevas,
con el color de la tierra,
con el café,
con el que inundas todos mis insomnios
al que aún no le he puesto tu nombre,
porque sé que te irás,
que nunca serás
el lado femenino
de esta historia.
Que el destino siempre gana la partida
y me alejará de esa tez
para que vayan otros labios
a versarla.
Por mucho que tu sonrisa
luche contra mis malas compañías,
eres esa pesadilla de los poetas
que sólo te tienen durante sus noches,
por eso,
aunque sufran,
no despiertan.
Vale la pena un rato
de tu magia negra
aunque dejes la soledad
como secuela...
**
Pero,
a través del arco del recuerdo,
vuelve a sonar
como una sinfonía sin fin,
el eco de tu risa.
Y sonrío,
porque tu recuerdo aún quema
en lo más exterior de mi piel,
que nunca se fundió con la tuya,
por eso de que el miedo
no te dejaba ver.
Me tiñes los ojos
de esperanza,
aunque llevara su color
muchos años antes
de que tu mano apareciera en mi espalda
y tu nombre
lo estuviera gritando
en cada poema que te escribo
(y en los que murieron antes de ser).
Siendo tu recuerdo
un dolor al lado izquierdo,
no paro de nombrarte
por sentirme viva...
por saber que siento.
al pensar en la mirada que llevas,
con el color de la tierra,
con el café,
con el que inundas todos mis insomnios
al que aún no le he puesto tu nombre,
porque sé que te irás,
que nunca serás
el lado femenino
de esta historia.
Que el destino siempre gana la partida
y me alejará de esa tez
para que vayan otros labios
a versarla.
Por mucho que tu sonrisa
luche contra mis malas compañías,
eres esa pesadilla de los poetas
que sólo te tienen durante sus noches,
por eso,
aunque sufran,
no despiertan.
Vale la pena un rato
de tu magia negra
aunque dejes la soledad
como secuela...
**
Pero,
a través del arco del recuerdo,
vuelve a sonar
como una sinfonía sin fin,
el eco de tu risa.
Y sonrío,
porque tu recuerdo aún quema
en lo más exterior de mi piel,
que nunca se fundió con la tuya,
por eso de que el miedo
no te dejaba ver.
Me tiñes los ojos
de esperanza,
aunque llevara su color
muchos años antes
de que tu mano apareciera en mi espalda
y tu nombre
lo estuviera gritando
en cada poema que te escribo
(y en los que murieron antes de ser).
Siendo tu recuerdo
un dolor al lado izquierdo,
no paro de nombrarte
por sentirme viva...
por saber que siento.
martes, 8 de abril de 2014
Ocho de abril y aparece la primavera
Vengo buscando abril,
abril sin alergias emocionales,
ni resacas sentimentales,
abril para formar recuerdos
en tus risas y vaivenes.
abril sin alergias emocionales,
ni resacas sentimentales,
abril para formar recuerdos
en tus risas y vaivenes.
La primavera duele a los cerezos,
así como los versos desangran,
con tinta,
las venas de quien los escribe
llegando a asfixiar
el centro
de su savia.
Yo,
cuerpo que ahoga las ilusiones,
me dejé llevar por un diente de león,
esperando que la boca que escondía
me destrozara,
me devorara
una y otra vez, sin vuelta atrás.
Ambidiestra de manos,
zurda para amar,
no soy muy diestra en esa materia,
que hasta un cactus
se marchita a mi lado.
Vine buscando abril,
lo encontré donde no pude imaginar:
en la casa de un poeta
donde los recuerdos habitan,
no deshabitan
y no dejan intimidad.
En la poesía pura
paseando todos los rincones,
un escritor se desnuda
porque le tocan el alma
sin manos, sin tacto,
sólo con palabras
(ya ves, te desarman con tu propia arma)
Vine buscando abril.
Y la primavera,
sin amor,
me sigue sabiendo a ti.
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