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lunes, 31 de marzo de 2014

Saudade

Una resaca emocional
de la ausencia que marcan
a golpes de tic tac
las agujas que se mueven
entre mis labios
desde tu verso.

Un cuerpo tatuado
a fuego, contando decepciones
por encima del hombro,
la esperanza de la primavera,
desespera.

Todo es mentira:
desde esa manía de flotar
con la luz del sol,
a encontrar ese
"voy a hacer contigo
lo que le hace la primavera
a los cerezos."

Mentira:
hay que huir del sol,
buscando la falda de la luna.
Y los cerezos
dan alergia.

Un dolor de domingo
escrito un lunes,
recitado un martes,
escupido un miércoles,
quemado un jueves,
bebido un viernes
y olvidado un sábado.

Una cicatriz
en forma de vocal
del lado femenino de mi cama,
que la distancia es infumable,
pero arde el morbo de la lejanía
que desaparece cuando tu casa
es la mía
(sin ser tu cama
la mía).

viernes, 28 de marzo de 2014

Carta a una musa itinerante

Musa:

resuenan a tu paso
las armas de las que me despojas.
Me quedo muda a tu lado,
no salen palabras de mi boca.
Tu inmortalidad infinita
se vuelca en poemas,
y vacías y rellenas mi tintero
con lágrimas, heridas,
cicatrices abiertas.
Mi verde esperanza
lo tiñes de azul tristeza.

Te impuse por ley
que no te quedaras,
que te fueras,
que si vas a quemar
que sea en camas ajenas.

Pero ignoras
una ley de carretera
y te quedas.

Mira,
ya que juegas a doler,
convierte mis noches en guerra,
mis sábanas, en trinchera,
seamos un cuerpo a cuerpo
por mar, aire y tierra.
Déjame leer
tus historias sin palabras,
contigo sólo leo en braille.

Pero te volverás a ir,
ninfa desencantada,
me dejarás un alma quemada
y muertas todas mis palabras.

lunes, 24 de marzo de 2014

Inchaalah

Tintinean
hojas de espadas
y el clamor de una conquista
en las cinco letras
que dibujan tu nombre.
Pero tu mejor arma
fluye por el aire
y conquista almas perdidas.

La espiga ciega a los hombres,
pero tú muestras una media luna
y, en una balanza,
pesan igual.

Nadie lo sabe,
pero hemos roto más fronteras
a golpe de cafés,
que gobernantes
a golpe de tratados.

Café
que si es contigo
sabe a nuevo,
a saber,
a nuevos mundo,
a abrir los ojos del alma
y viajar alrededor del mundo
sin moverme.

Itinerantes,
como solitarias gaviotas,
compartimos palabras
con el corazón descubierto,
nos enseñamos las heridas
y vuelven hasta las oscuras golondrinas
a escuchar lo que tienes que decir.

Gana el amor al mar,
a la fortaleza roja,
a la ciudad de un poeta
que unió nuestros caminos
a cualquier diferencia inventada.

Un mirar verde esperanza
acompaña tu caminar
que aderezas con el marrón
de la tierra que te vio nacer.

Un ojo derecho que nunca has perdido,
amigo,
que aunque la mano
alcance la llave
y la desesperanza pueble las calles,
sé que siempre habrá un café más...

                                     ... inchaalah.

A Tarik,
por enseñarme que 
la amistad 
es algo más 
que una palabra.

martes, 4 de marzo de 2014

Recorro unas calles
que tienen mil nombres,
mil pasos que hacen los míos vulgares.
Me impregno de ese frío
que viene del recuerdo
del calor humano.

Sonrío,
porque la tristeza se me escapa
por las manos.

Voy mendigando
un abrazo
de cualquiera,
un beso
de cualquiera,
un “chiqui, 
mañana brillará el sol
sólo para ti”
de cualquiera.
Pero me encuentro mi reflejo
en escaparates absurdos
que hablan de rebajas…
quién sabe,
lo mismo vendo mi corazón,
mi alma
y mis versos,
a ver si lo usan mejor que yo.

Me miro,
y unos ojos verdes,
que no acabo de reconocer,
me dicen que sigo siendo
la misma alma perdida
que dejé en Maastricht
apostando todo a la vida.


Qué mal se me da
perder la partida.

domingo, 2 de marzo de 2014

Elena

Te he visto pasar
contoneando tus alas
que no hacen otra cosa
que revolver mi mar.

He olido el dolor
que degustan tus labios,
pero se quedan en camas ajenas,
se quedan en cuerpos flacos
de desidia, de puñal en las manos.
Esas heridas que duelen
y aún no han sanado
cuando otros puñales vienen
y abren lo cerrado.

Me compusiste las piezas
de un corazón maltrecho.
Luego me rompiste otra vez
y me recompusiste los versos.

Tienes unos ojos de quien lucha
cada día.
Tienes una mirada
en la que me quedaría a vivir,
que más fuerte que un escudo sería.

Déjate ahorcarme
siempre por fandangos,
siempre por Sabina,
un tango perdido
o una simple seguidilla.

Te he visto pasar
revolviendo mi mar.
Ahora, que te quedas,
el mar está en calma
para que ahogues tus poemas
en sus alas.


Que tus palabras no se las lleve el viento,
que la poesía pura
te corre por las venas…
                                                               y me corren las penas.