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sábado, 24 de mayo de 2014

Voy a callarme porque es sábado...

La felicidad es el tiempo
que hay entre tus ojos y el olvido.
Esa resaca que te lleva a la orilla
o te devuelve a la última cerveza.
La distancia entre la última calada
y nuestro primer beso.

La felicidad no es más que el segundo
que separa mi palabra de tus labios,
un beso de buenas noches perdido
en otros versos que ya no controlo.
Una cerilla mojada que quiere encenderse
cuando le sacas la lengua a la suerte.

La felicidad no es más que
tu sonrisa a cámara lenta,
el miedo de dos ciegos a no verse más
o la tinta de tus sueños en mis letras.
El reflejo que te devuelven mis ojos
es la imagen de la felicidad absoluta.

La felicidad eres tú, amor,
en todas las formas en las que te dejas ver,
apareces en forma de poesía para sangrar,
para cerrar las heridas que otros debieron lamer.
Es la cadencia de tus caderas,
revolviendo lo que queda de mi mar.

A veces se nos olvida
que sabemos hacer poesía
a dos manos.
Pero siempre nos quedarán los sábados
para callarnos todas esas cosas
que no solemos decir.
No tenemos ni puñetera idea de qué escribimos
pero oye, de vez en cuando, hacemos poesía,
con versos también.
Más que un placer, 
llamémoslo una suerte
el poder escribir contigo,
E.

sábado, 17 de mayo de 2014

Con las cicatrices también se baila

Le he cerrado la puerta
a las ocasiones perdidas
para ganar
todo lo que no puedo perder.
Le he echado llave
al miedo
por el miedo,
me he dejado ganar
por las cicatrices
que vuelven a ser heridas abiertas.
De estas cenizas
no hay ningún ave Fénix
que vaya a renacer
de este corazón,
al que la oscuridad
ha teñido de azul.
Por eso,
me quedo paseando
con mis circunstancias,
que recitaron nuestro poema
pero tú ya no estabas
(ni si quiera sé
si estuviste
alguna vez)
A ritmo de latido
te saco a bailar,
porque hoy lloverá
aunque no amenacen nubes
en el cielo,
en mí
se acerca un temporal.
Y aunque tú no lo sepas,
ni si quiera seas consciente
en la distancia me dicen:
"las cicatrices
se pueden bailar también"
pero resulta
que yo
soy zurda
de los dos pies.

A Nuria
por la idea
desde la distancia.

martes, 6 de mayo de 2014

A veces
el mundo es tan estúpido
que necesitamos autodestruirnos
para salvarnos.

Es un pañuelo blanco
lleno de mocos y sangre:
lo primero,
por todos los llantos que nos provoca;
lo segundo,
por todas las heridas que no cierran bien.
Y mandamos a la mierda
esa norma de no fumar
antes de las doce,
que la madrugada
ha acuchillado
todos los poemas
en forma de tic tac.

Tic tac.

Pero hay cosas que no cambian:
Valdemoro siempre llevará el 13,
Escandar tiene más co-razones
que Mónica heridas en su clavícula izquierda.
Me seguiré perdiendo con Pablo
en noches de cervezas
más que poesía.

Y la gaviota sigue anhelando tu mar verde,
pero claro,
eso tú no tienes que saberlo
(aunque ya va siendo hora
de que cambie).

A veces,
el mundo es tan estúpido
que necesitamos autodestruirnos
para sentirnos
vivos.