El tiempo se tornó rojo.
La propia vida
prohibía que diéramos un paso
adelante.
Pero fuimos
en dirección contraria
cuando nos giramos
para encontrarnos.
La cuenta atrás
de la cadena perpetua
a la que condenar
la libertad
había empezado.
Apretamos el acelerador,
ante la atenta mirada
de una luz roja.
Nuestros ojos sabían
que era la última oportunidad
de que todo lo que nos dijimos
con miradas,
volaran como palabras.
Por eso,
nos desatamos verbalmente
y nos desvestimos de vergüenzas.
Siempre con los botones
de tu camisa atados.
Fuimos vida,
sonrisas, carcajadas,
fuimos complicidad.
Odiamos las distancias
y desafiamos al futuro
con preguntas que nos contestará
a su debido tiempo.
Quizás con versos
que siguen el compás
de tus manos.
Fuimos.
El semáforo se puso en verde,
la libertad ha vuelto a su cárcel
de silencios.
Y yo he visto
cómo todos los sueños
me adelantaron por la izquierda
para no volver
a pasar por mi lado.
