Todo esto es un sistema. Un sistema parecido al solar donde cada uno es un planeta y nuestra órbita es la que nos acerca o nos aleja de los demás planetas. El año tiene 365 días y las estaciones de éste dependen de la cercanía o lejanía al sol. Ahora, ¿qué es el sol? El sol es el motor de nuestra vida, lo que nos hace avanzar. Por supuesto, a diferencia del Sistema Solar, nuestro sol no siempre es el mismo. Hoy puede ser un lugar; mañana, nuestro sueño. E, incluso puede llegar a ser una persona. Este sol puede ser el acervo para nuestra vida o puede ser lo que nos mate. La luz no siempre tiene que ser sinónimo de vida y alegría.
Por otro lado, están las órbitas. El Sistema Solar ya tiene unas órbitas establecidas, con un mínimo cambio cada cierto tiempo. Pero la órbita humana no viene así de fábrica. Nosotros la moldeamos, la hacemos mayor, o la empequeñecemos hasta desaparecer. Las relaciones están basadas en órbitas. A veces, órbitas que nunca podrían estar juntas, inexplicablemente se acercan cada vez más. Otras veces, somos nosotros quienes poco a poco separamos nuestras órbitas de otras que, sin saberlo, nos hacen daño. En otras ocasiones, las más numerosas, son factores externos los que nos hacen separarnos poco a poco de algo que creíamos irrompible. Pero esos factores quedan fuera de nuestro alcance, es un movimiento de nuestra vida, que hace que nos alejemos de un concepto, planeta, existencia, para acercarnos a otras totalmente diferente.
En resumen, todo está en nuestras manos. Seguir con las mismas órbitas alrededor o, para bien o para mal, desecharlas. Así es la libertad.