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domingo, 21 de abril de 2013

Poema para cualquiera


De sobra sabes que eres la primera...
La primera que me quema el alma.
Solo con rozarme apenas
me llevo tu mirada
y tus besos a la cama.

La primera a la que deshago
y hago a mi antojo
para quedarme a tu lado
y echarte de menos un rato.

Déjame que nos disfrutemos
y rato a rato,
beso a verso,
comernos.

Que me cuelgo de los volantes de tu falda
y te cuelgo flores en el pelo
para luego quitártelas sin falta
y no tenerles celos.

Dame tu mirada
y sus nubes negras
que las aglutino, me las quedo
y luego las hago poema.

Dice Sabina:
"dos no es igual a uno más uno"
y lleva razón:
vamos a demostrarle
que dos
solo somos

y yo.


jueves, 4 de abril de 2013

Y si tienes tiempo...

Hola, ¿tienes un minuto?
Vengo a recordarte quién soy, 
Y que mi recuerdo sigue vivo.


¿Estás ahí?
He perdido la vida,
quizás sabes tú dónde dejé
las espinas que forman este pez.


¿Sigues al teléfono?
Cuéntame historias que me hagan sonreír,
de ti, de mí,
de algún porvenir.

¿No te has ido?
La del teléfono es limitada
y nuestra batería no se acaba,
nuestra pila es inacabable,
las palabras, insaciables.


Oye, si aún te acuerdas de mí
y tienes tiempo,
escríbeme uno de esos poemas,
que para ti es uno más,
y crees que se lo lleva el viento
y para mí, el más importante de cientos.


Con cariño.

lunes, 1 de abril de 2013

Urbs - urbis: de torrijas y cerveza

Declinábamos rosas
hasta que el templo del saber
donde nos refugiábamos todos
dejó de dar sombra.

Dejamos al niño atrás
pasando a un tiempo imperfecto.
Vivimos nuestro presente
y el futuro ya vendrá.

Conjugamos situaciones
(amor, alcohol y algo más)
ciudades distintas, desenlaces extraños
y sonrisa de colores.

Pero la "magister" no se olvida
y reúne el pasado cercano
en declinaciones y algunos verbos.
Para el pasado, billete de ida.

Ya otras caras sientan las aulas
y nos sentimos mayores en esas sillas.
Vemos la ilusión, la mirada,
que en nosotros aflorara otro día.

Nos iremos otra vez
con alas desplegadas.
Dejamos en el pasado lo que fuimos
y no volveremos a ser.

Por esos años inolvidables.
Por latín y griego.
Para mis tres acompañantes.
Y para la magister.

miércoles, 27 de marzo de 2013

Reflexiones de viaje

Hoy,
época de la sonrisa perfecta,
abogo a la tuya:
desconocida, fugaz y,
sobre todo,
imperfecta.
Coronada por la oscuridad
en forma de aro
atravesando el septum,
no hace falta saber mucho más
que lo que tu voz deja entrever
(o "entreoír").
¿Quién sabe de dónde eres,
dónde vas
o con quién caminas?
¿Realmente importa?
No imagino nada más
que lo que tu sonrisa
me muestra.

lunes, 11 de marzo de 2013

Mi duda favorita


Hoy tengo ganas de comerme el mundo.
Amor, cierra los ojos y abre las ganas,
que nos vean bailando las persianas
porque voy a empezar por el tuyo.

Después patinaremos las aceras.
Los semáforos se apagarán de celos.
Los transeúntes fruncirán las cejas
y de nosotras tendrá envidia el cielo.

Eres mi razón de cada día.
Eres mis ganas, mi alegría
y el todo de una sonrisa.

Eres de las calles el desdén.
De mi casa, el Edén.
Eres el silencio que me grita.
Eres mi duda favorita.

Vamos a empezar una guerra.
Combaten tu cuerpo contra el mío.
Sábanas blancas de trincheras.
Aquí no tiene cabida el frío.

Salvaremos el mundo desde tu cama
y olvidaremos lo demás.
Nuestros besos, las mejores armas
y se acaba la cuenta atrás.

A la niña de los ojos bonitos.
Mi duda favorita.

miércoles, 20 de febrero de 2013

Carta de amor

El comienzo de nuestra relación fue algo complicado. Era un invierno frío (supongo) y yo estaba destinada a ir por mal camino, aunque ella me mostró el correcto. Desde entonces nuestra relación tomó esas pautas: nunca quiere que me equivoque, me empuja hacia donde ir, encamina mis pasos hacia la ruta que me conviene. Sin embargo, a veces he querido hacerle caso y he caído. Siempre la veo ahí, dándome la mano para ayudarme a levantarme, mientras oigo un "te lo dije". Nunca me deja sola. También deja que me equivoque por mí misma, porque así se aprende. No obstante, siempre está en mis triunfos, aplaudiéndome mientras enfunda una sonrisa. En momentos de angustia sabe escucharme y aconsejarme; sé que, aún lejos, puedo sentirla cerca con una simple llamada de teléfono. Quizás, algún día, alguien me llegue a comprender como lo hace ella, pero, lo siento, nunca nadie podrá conocerme como ella me conoce. Y, de ninguna manera, nadie podrá sustituirla, Podría decir que es la relación más larga, fructífera y real que he tenido, tengo y tendré. Real porque sé que me quiere y sé que la quiero por mucho tiempo que pase. Parece una declaración de amor y lo es: si entiendes el amor como la capacidad del ser humano de saltar el muro que lo separa de otra persona y comprenderla (como dijo aquel filósofo), lo es. En estos días en los que todo el mundo me asemeja a mi rama paterna, quiero recordar que soy fruto de dos. No es un día especial pero... ¿es necesario una fecha señalada para recordarle a tu madre cuánto la quieres?


miércoles, 13 de febrero de 2013

Rutina

Trozos de sol por la persiana.
Las palomas le cantan al despertador.
Peleas de gatos.
Perros ladrando.
Señoras que lanzan su grito de guerra.
Pícara no se calla
ni siquiera los sábados.
Conversaciones ajenas
se cuelan por las cortinas.
El caballo relincha.
Las campanas de las 10:15.
Buenos días,
Granada.

jueves, 7 de febrero de 2013

Eres mujer (yo lo sé).

Curvas vertiginosas paraíso
de todo caminante que se precie.
Me abandona mi espíritu tísico
cuando mis manos contigo se mecen.

Aurora tardía de vidas perdidas
en tu cuerpo frío tienen fin.
Impulsas a las ánimas la valentía
que en otras no aprecian como en ti.

No ilusionas al inocente.
No eres de esas mujeres crueles
que te ponen un caramelo en los dientes
pero te lo quitan cuando no convienen.

Dices la verdad, vas de frente.
Abres los ojos al ciego,
haces oír al sordo
y hablar al mudo.
(y hablas en mi mundo).

No sé cómo te verán los demás,
pero para mí eres mujer.
Me lo demuestras cuando no hay nadie más
y cuando tus cuerdas me dejas recorrer.



A veces no hace falta más que una tarde perdida entre las cuerdas de una guitarra para quererle regalar algo especial y simbólico como es un poema.

domingo, 27 de enero de 2013

Huele a frío,
desgarrado tiempo del inframundo.
Alejas a todo, hacia lo más profundo.
Sus almas van en un río.

Huele a invierno,
al vacío de sus sábanas
que dejaste una mañana
cuando los segaste con tu guadaña.

¿Hueles la tristeza
que a tu paso riega
jardines de maleza
de dolores y de pena?

Huele, amiga encapuchada,
y date la vuelta,
que no quiero ver tu faz manchada,
que mi pena anda suelta.

lunes, 10 de diciembre de 2012

De Granada (1º)

Somos lo que somos.
Ni más, ni menos.

Somos el abismo del deseo.
Somos las ganas, el empeño.
Somos la duda, la fuerza y el sueño.

Somos poesía barata
de bares de tapas.
Somos obras literarias
con premios y capas.

Somos sonrisas, lágrimas gastadas.
Somos la vida infernal
de ese ángel celestial.

Somos lo que somos.
Ni más, ni menos.
En Huelva, 6 de diciembre de 2012

martes, 27 de noviembre de 2012

martes, 6 de noviembre de 2012

Dame limosna de amores, dolores

Despojos de un recuerdo vivido,
enterrado bajo llave en un baúl
para que este corazón, dolorido,
descanse en el mar azul.

... y pon en mí tú unas flores

Dolores que dejan cautivas
las ganas de lo que queda por vivir.
La herida, escondida, atractiva
a los ojos de quien no sabe de ti.

Ten piedad samaritana de lo amargo de mi ser

Piedad, tiende una mano
amplia, fuerte, segura,
a este deshecho humano
con la piel desnuda.

¿No te da pena que llore?

No, no me des limosna de amores.
Dame el pleno sentimiento
de las mariposas y flores de colores
lanzadas contra el viento.

lunes, 29 de octubre de 2012

Aburrimiento compartido

Respirar es aburrido,
prefiero ahogarme en los labios
del deseo encarnado,
de la estupidez de los sabios
por las ganas contenidas
en el sueño desvelado.

Respirar es aburrido,
prefiero ahogarme en tus labios,
hundirme en los sonrientes ojos
de un mar liberado
de sus propias garras opresoras.

Humo de cigarro compartido.
Simplemente porque respirar es aburrido.


viernes, 26 de octubre de 2012

La Luna le sabe a poco

Granada se miró al espejo. El reflejo le devolvía la imagen de un cuerpo dañado por los azotes de los vendavales de las emociones que la habían recorrido a lo largo de su corta vida. A sus escasos 24, se disimulaba las profundas ojeras que decoraban sus ojos marrones, simples, pero tristes. Odiaba la forma en la que se le enmarañaba el cabello después de días de movimientos. Odiaba la desnudez de sus manos sin ningún tipo de complemento que las decoraran. Odiaba sus grandes pies que soportaban el liviano peso de un cuerpo y el peso de un alma forjada en hierro. Odiaba sus inseguridades. Por eso se comportaba como lo hacía. Un suspiro la sacó de su reflexión matutina. Se volvió rápidamente para comprobar que su última aventura nocturna seguía durmiendo. Así era. Regresó a la conversación con su reflejo. Pensándolo bien, después de una capa de maquillaje todo cambia: sus ojeras parecían menos profundas, sus labios parecían más apetecibles y la cetrina piel que le recubría el rostro parecía sacada de un catálogo de modelos. Sin embargo, la tristeza de sus ojos no se podía tapar de ninguna manera. Eso le gustaba porque aunque su filosofía de vida era aceptar el pasado como pisado, no había que olvidarlo en ningún momento ya que es el pasado el que condiciona el presente y dictamina nuestro futuro. Con lo que le quedaba de corazón guardado en una pequeña caja, había llegado a conocer las sábanas de los más variopintos dormitorios. Había estado embadurnada en el olor de las sábanas de hostal así como en las suites más señoriales que podía imaginar. Siempre abandonada a lo que esa noche el destino le tenga preparado, dejándose llevar sin pensar y curar así su desvencijado corazón. Eso era lo que ella creía o al menos intentaba. Esta vez era su suspiro el que la invitaba a abandonar las reflexiones. Un abrazo la sorprendió en medio de sus cavilaciones. Aquella desconocida se había propuesto regalarle algo más que un abrazo para empezar el día. Con una sonrisa rota la miró y se dejó hacer. Porque a Granada, la luna le sabe a poco.



martes, 9 de octubre de 2012

En cada esquina están
todos esos fantasmas
que en el pasado debieron quedar,
pero debajo de la cama
acechan, con ganas de más,
escondidos tras un cristal
buscan las cosquillas,
buscan molestar,
buscan romper el sueño
y las ganas de soñar.

La espalda debiéramos dar
a todos esos fantasmas
que en el pasado debieron quedar.


A E.G.F. por compartir conmigo su historia
y hacerme partícipe de ella.

martes, 15 de mayo de 2012

Tragada por un tocadiscos

Ella no quería, pero allí se encontraba. Dando la espalda al televisor y al ordenador estaba sentada frente a un tocadiscos. Entre el repertorio de artistas tenía a The Beatles, Queen y a todos los grandes del pasado que están muy presente. Hipnotizada por otra época, por otras vidas, levanta la aguja para colocar el single While my guitar gently weeps. Hizo que empezara a funcionar y entonces ocurrió... Unas manos gigantes salieron del tocadiscos para llevarla de paseo. Estaba sentada en el salón y dos segundos después se encontró en medio de un concierto de The Beatles, escuchando en directo esa canción. Luego todo volvió a cambiar y se encontró camino Woodstock para vivir uno de los primeros festivales que harían historia. La escena volvió a cambiar: ahora veía al cuarteto de Liverpool cruzando Abbey Road. Después de esto vio los últimos momentos de Lennon en vida y lloró desconsolada en el Strawberry Fields. 


Abrió los ojos. Se encontraba frente al tocadiscos, pero reinaba el silencio. Se levantó y volvió a poner el mismo vinilo.
Y así, sentada frente a un tocadiscos, viajaba a través del tiempo.

lunes, 16 de enero de 2012

Adonis y Ceres

Adonis se levantó sonriendo. Había pasado un año.
Como si fuera ayer, recordó ese témpano de hielo en el que habitaba que, aunque fuera el lugar más cálido habido y por haber, a él siempre le parecerá más frío que el polo. Quizás porque era su corazón quien lo hacía que lo viera así.
Ese día se levantó sin esperanzas, sabiendo que lo malo estaba por llegar. Sabía que tanto la batalla como la guerra las había perdido, pero en su lucha interna aún tenía que ganar. Tenía que saber hablar, saber hacerse entender. Aunque ello conllevara una gran pérdida.
Empezó a mirar a su alrededor. Esa cueva hostil en la que se encontraba no era tan mala en realidad. Pero sabía que la tendría que abandonar después de ese día, que no sería bienvenido allí. “Una pena, tendré que quitar toda la decoración, aunque las pinturas rupestres no me las voy a poder llevar.” Lo que sí se iba a tener que llevar era el recuerdo de esa época en ese lugar. Claro que, todo en el susodicho caso de perder juego, set y partido.
Llegó la tarde.
Su momento había llegado. Tenía dos opciones: abrir su corazón con las maletas en la puerta o seguir pudriéndose por dentro por culpa de algo que no tenía final ni futuro. En ese momento quería morir, explotar, que el mundo desapareciera. No entendía qué hacía allí y por qué estaba haciendo lo que hacía con sus días. No lo sabía.
Ceres lo miró confundida. Adonis le abrió su corazón, se lo entregó en bandeja para que lo pisoteara, lo tirara y le escupiera y así quedarse vacío por dentro. ¿Qué hizo Ceres? Miró el corazón con ternura, miedo y pena. Ternura por la persona, miedo por perderla y pena por no saber corresponder. Abrazó el corazón y se lo devolvió tal y como estaba: igual de mullido, roto y maltrecho. Pero con una sonrisa. Ambos sonreían. Alguna lágrima se pudo haber escapado, pero sonreían.
“Tú no vas a ningún lado […] No voy a cambiar contigo”
Ha pasado un año.
Adonis creía que ese dolor, ese sufrimiento nunca iba a parar. Pero ahora está viendo que todo es pasajero, que todo se supera. Pero sigue dándole las gracias a Ceres, porque sabe que como ella, nadie se ha portado con él y poca gente lo hará. Cierto es que algo cambió, algo se modificó. Pero nada está roto.
“No voy a cambiar contigo.”
Ceres, ojala supieras cuánto te agradece Adonis todo lo que has hecho por él en el transcurso de un año.

domingo, 1 de enero de 2012

Primer poema del año

Me gusta cuando tú hablas
y se calla hasta el cielo.

Si te pido dos de azúcar,
me respondes con hielo.

Déjame guiarte en tu desnudez
pero despiértame si tengo sueño.

No quiero que me abandones en la estacada,
ni que la estacada me llame por mi nombre.

Me gusta que me abraces
hasta que dejaste de hacerlo.

Y que me beses

Y que en la inocente levedad del ser
digas que me quieres.

Podrías escribirme algo bello esta noche,
pero no has querido ni decir mi nombre.

jueves, 15 de diciembre de 2011

Las calles estaban inundadas por el frío de la madrugada. La humedad calaba hasta los huesos. Hasta el alma cándida dice ser insensible ante el poder glacial que emana de la noche gris. ¿Quién puede deambular por estas calles ahora, que no podríamos decir si es demasiado temprano o muy tarde? El anciano madrugador tiene su rutina establecida: despierto desde muy temprano, pasea por esas calles que lo han visto crecer. Calles y rincones que han sido testigos de sus triunfos y fracasos, han jugado con él y sus amigos, han sido testigo de cómo el amor se fue apoderando de su vida para formar una familia y que las nuevas generaciones disfruten como lo hizo él.

Por otro lado, al fondo de la calle, vuelve con rastros de maquillaje y tacones en la mano una joven a la que le parece que el día anterior nunca acabó hasta que no descanse en sus aposentos. Tiene toda una vida pro delante y lo sabe: joven, trabajadora, estudiante de una carrera de prestigio. Una vida muy diferente a la del anciano. Perspectivas distintas condicionadas por la edad, las circunstancias y la época, que se demuestra en el saludo que ambos se dan:
- Buenos... ¿días? - pregunta el anciano.
- ¿O noches? - contesta la joven.
- Sí,... entonces, buenas noches.