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jueves, 2 de marzo de 2017

Existen tres duendes bajitos
que, sin poderes,
dejan un rastro de magia
por donde pasan.
Tres ramas de los mismos troncos
que los amparan y los protegen,
sin olvidar la libertad de sus hojas.
Ellos tienen la capacidad
de hacer brillar todo lo oscuro,
que si estás triste,
no entienden por qué,
pero luchan contra lo que te oprime
con unas manos demasiado pequeñas
para poder albergar tanta fuerza.
Si alguna vez, caminante,
se cruza con ellos,
no pase de largo.
Siéntese a contemplar el mundo
con sus ojos marrones.
Escuche la dialéctica de tres lenguas
que fluyen en sus pequeñas grandes mentes,
diciéndole las palabras más bellas
que nunca escuchará
(aunque no hable sus idiomas, los entenderá).
Descubra que las mañanas
tienen otro color
al abrir una puerta
y recibir una simple sonrisa,
método esencial para combatir
el frío que tenga en su interior.
Conozca de primera mano
ser el artífice principal
de la más bella sinfonía
compuesta por esa carcajada sincera
que precede al llanto descontrolado.
Y siéntese, también,
desconsolado
el día que los deba abandonar.
Caminante,
le hablo desde la experiencia
de dejarme hechizar
por esos locos bajitos,
el amor más sincero
que unos desconocidos
jamás me pudieron profesar.
Me dejé un trozo de vida
en esos tres pequeños cuerpos
que me enseñaron a amar.
Guardádmela bien,
os prometo que no os la voy a quitar.


"Ma non ti preocupare. Così va bene."


Los duendes bajitos

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