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sábado, 27 de diciembre de 2014

El hombre (me) sugiere lo contrario

La metamorfosis de una mariposa
es el símil con el que la naturaleza se podría comparar
a ti cuando te quitas la ropa.
Los vecinos se quejan
cuando dicen que hay un caballo desbocado
queriendo agujerearles la pared.
Lo comprenderían perfectamente
si te vieran aparecer
de puertas para dentro.
Aunque para ellos,
mi habitación es un establo
y aciertan: no paro de buscar
mi aguja
en tu pajar.
Hemos enrojecido al sol
y la luna ve nacer una nueva estrella
en la supernova que formamos
y
yo
en las cuatro patas de la cama.

A la mañana siguiente
gustas de comprobar los restos
de las gatas en celo que nos poseían
y nos miramos desde detrás de dos tazas.
Volvemos a pegar con versos
la rutina que rompimos unas horas antes.
Me susurras que no,
que no me maquille,
que tengo las ojeras más bonitas de toda la ciudad,
porque llevo tu nombre en ellas.

Salgo a atacar a la ciudad de nuevo,
gritándole al reloj para que las manillas corran más.
El guaperas de la oficina me vuelve a adular
y yo mientras pienso en la selva que montaré en casa
con dos copas de vino
y tus ojos de gata.

El guaperas no lo sabe
pero el hombre me sugiere todo lo contrario.
Lo entenderíais si la vierais cuando se esconde
entre las sábanas,
para jugar al pilla-pilla en el que siempre gana.
Ganamos.
Entenderíais que las musas no hagan nada
para quitarle el puesto.
Porque ser musa no es hacer,
es ser.
Y ella es todos los poemas

que aún me quedan por escribir.