Me gusta cuando tú hablas
y se calla hasta el cielo.
Si te pido dos de azúcar,
me respondes con hielo.
Déjame guiarte en tu desnudez
pero despiértame si tengo sueño.
No quiero que me abandones en la estacada,
ni que la estacada me llame por mi nombre.
Me gusta que me abraces
hasta que dejaste de hacerlo.
Y que me beses
Y que en la inocente levedad del ser
digas que me quieres.
Podrías escribirme algo bello esta noche,
pero no has querido ni decir mi nombre.
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