Adonis se levantó sonriendo. Había pasado un año.
Como si fuera ayer, recordó ese témpano de hielo en el que habitaba que, aunque fuera el lugar más cálido habido y por haber, a él siempre le parecerá más frío que el polo. Quizás porque era su corazón quien lo hacía que lo viera así.
Ese día se levantó sin esperanzas, sabiendo que lo malo estaba por llegar. Sabía que tanto la batalla como la guerra las había perdido, pero en su lucha interna aún tenía que ganar. Tenía que saber hablar, saber hacerse entender. Aunque ello conllevara una gran pérdida.
Empezó a mirar a su alrededor. Esa cueva hostil en la que se encontraba no era tan mala en realidad. Pero sabía que la tendría que abandonar después de ese día, que no sería bienvenido allí. “Una pena, tendré que quitar toda la decoración, aunque las pinturas rupestres no me las voy a poder llevar.” Lo que sí se iba a tener que llevar era el recuerdo de esa época en ese lugar. Claro que, todo en el susodicho caso de perder juego, set y partido.
Llegó la tarde.
Su momento había llegado. Tenía dos opciones: abrir su corazón con las maletas en la puerta o seguir pudriéndose por dentro por culpa de algo que no tenía final ni futuro. En ese momento quería morir, explotar, que el mundo desapareciera. No entendía qué hacía allí y por qué estaba haciendo lo que hacía con sus días. No lo sabía.
Ceres lo miró confundida. Adonis le abrió su corazón, se lo entregó en bandeja para que lo pisoteara, lo tirara y le escupiera y así quedarse vacío por dentro. ¿Qué hizo Ceres? Miró el corazón con ternura, miedo y pena. Ternura por la persona, miedo por perderla y pena por no saber corresponder. Abrazó el corazón y se lo devolvió tal y como estaba: igual de mullido, roto y maltrecho. Pero con una sonrisa. Ambos sonreían. Alguna lágrima se pudo haber escapado, pero sonreían.
“Tú no vas a ningún lado […] No voy a cambiar contigo”
Ha pasado un año.
Adonis creía que ese dolor, ese sufrimiento nunca iba a parar. Pero ahora está viendo que todo es pasajero, que todo se supera. Pero sigue dándole las gracias a Ceres, porque sabe que como ella, nadie se ha portado con él y poca gente lo hará. Cierto es que algo cambió, algo se modificó. Pero nada está roto.
“No voy a cambiar contigo.”
Ceres, ojala supieras cuánto te agradece Adonis todo lo que has hecho por él en el transcurso de un año.
