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sábado, 4 de abril de 2015

Alaia

La vida no tiene sentido
si nunca la has visto tomarse una caña
con el mar de fondo
y sabiendo que le darías la espalda
a todos los atardeceres del mundo
por poder refugiarte durante la fugacidad
de un
segundo
en el paraíso que esconde tras sus ojos.

Alaia va contra natura:
tiene en sus ojos el fuego y la tierra
y sabrás del paraíso cuando la oigas reír
a carcajadas, absorbiendo todo el aire después.
Rompe con todos los elementos
y así le tiene ganada la guerra a la naturaleza.

Es la mezcla de todos los libros
que cuentan historias que sabe
que en algún momento vivirá.
Por eso,
si miras su espalda,
encuentras la libertad tatuada
en su lado izquierdo.
En el mismo sitio en el que vive
su libertad:
su corazón.
Es el que dicta su destino,
porque Alaia baila,
aún lejos de los escenarios,
ella sigue bailando.

Baila con los sueños a flor de piel
(y creo que nadie la superará en eso).

No me habléis de paisajes
si no la habéis visto beber de la botella
para espantar a todos los fantasmas de la noche.
Que tiene a la música babeando
por el ritmo y la cadencia
que deja en cualquier nota
con el compás de sus caderas
que van y vienen…
van y vienen…
Que los poetas que no la conocen
se siguen ahogando en poemas que no tienen sentido
porque no es ella el motivo principal
de su poesía
y siguen buscándola paseando las manos
debajo de las faldas equivocadas.

Ella tiene la legitimidad de ser
la cara más bonita
de todo Madrid
y creedme si os digo
que he visto muchas caras
de y por Madrid.

Las musas son y no se hacen.
Alaia no hace nada para serlo,
pero no hay mujer en este mundo
que sea tan musa

como lo es ella.

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