Recorro unas calles
que tienen mil nombres,
mil pasos que hacen los míos vulgares.
Me impregno de ese frío
que viene del recuerdo
del calor humano.
Sonrío,
porque la tristeza se me escapa
por las manos.
que tienen mil nombres,
mil pasos que hacen los míos vulgares.
Me impregno de ese frío
que viene del recuerdo
del calor humano.
Sonrío,
porque la tristeza se me escapa
por las manos.
Voy mendigando
un abrazo
de cualquiera,
un beso
de cualquiera,
un “chiqui,
mañana brillará el sol
sólo para ti”
de cualquiera.
Pero me encuentro mi reflejo
en escaparates absurdos
que hablan de rebajas…
quién sabe,
lo mismo vendo mi corazón,
mi alma
y mis versos,
a ver si lo usan mejor que yo.
sólo para ti”
de cualquiera.
Pero me encuentro mi reflejo
en escaparates absurdos
que hablan de rebajas…
quién sabe,
lo mismo vendo mi corazón,
mi alma
y mis versos,
a ver si lo usan mejor que yo.
Me miro,
y unos ojos verdes,
que no acabo de reconocer,
me dicen que sigo siendo
la misma alma perdida
que dejé en Maastricht
apostando todo a la vida.
y unos ojos verdes,
que no acabo de reconocer,
me dicen que sigo siendo
la misma alma perdida
que dejé en Maastricht
apostando todo a la vida.
Qué mal se me da
perder la partida.
perder la partida.
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