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domingo, 2 de marzo de 2014

Elena

Te he visto pasar
contoneando tus alas
que no hacen otra cosa
que revolver mi mar.

He olido el dolor
que degustan tus labios,
pero se quedan en camas ajenas,
se quedan en cuerpos flacos
de desidia, de puñal en las manos.
Esas heridas que duelen
y aún no han sanado
cuando otros puñales vienen
y abren lo cerrado.

Me compusiste las piezas
de un corazón maltrecho.
Luego me rompiste otra vez
y me recompusiste los versos.

Tienes unos ojos de quien lucha
cada día.
Tienes una mirada
en la que me quedaría a vivir,
que más fuerte que un escudo sería.

Déjate ahorcarme
siempre por fandangos,
siempre por Sabina,
un tango perdido
o una simple seguidilla.

Te he visto pasar
revolviendo mi mar.
Ahora, que te quedas,
el mar está en calma
para que ahogues tus poemas
en sus alas.


Que tus palabras no se las lleve el viento,
que la poesía pura
te corre por las venas…
                                                               y me corren las penas.

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