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lunes, 24 de febrero de 2014

Te pienso en cada abrazo
y me desvelo,
y me rebelo
ante todos lo que hablan
de la razón
y desde ella,
para explicar, mi amor,
cómo emerges de un submarino
y salvas vidas
sin salvavidas,
con sólo un roce de tus palabras
en el oído adecuado,
de lleno al corazón maltratado.
No existe remedio
comparable a eso que vas dando,
ni droga más adictiva,
ni veneno más mortal.
Tienes tantos dardos en tus palabras,
como versos colgados del pelo.
Tienes la cordura del primer verso
que augura
la locura.
Ahora navegas por otros mares
lejos de mí.
Y yo, náufrago de sentimientos,
sobrevivo en la isla desierta
con tu desamparo
y tu desgana.

Tu todo,
pero sin ti.

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