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sábado, 19 de abril de 2014

A todas. A ninguna. A ti. A mí. A ellas.

Me sonrojo
al pensar en la mirada que llevas,
con el color de la tierra,
con el café,
con el que inundas todos mis insomnios
al que aún no le he puesto tu nombre,
porque sé que te irás,
que nunca serás
el lado femenino
de esta historia.
Que el destino siempre gana la partida
y me alejará de esa tez
para que vayan otros labios
a versarla.
Por mucho que tu sonrisa
luche contra mis malas compañías,
eres esa pesadilla de los poetas
que sólo te tienen durante sus noches,
por eso,
aunque sufran,
no despiertan.
Vale la pena un rato
de tu magia negra
aunque dejes la soledad
como secuela...

**

Pero,
a través del arco del recuerdo,
vuelve a sonar
como una sinfonía sin fin,
el eco de tu risa.
Y sonrío,
porque tu recuerdo aún quema
en lo más exterior de mi piel,
que nunca se fundió con la tuya,
por eso de que el miedo
no te dejaba ver.
Me tiñes los ojos
de esperanza,
aunque llevara su color
muchos años antes
de que tu mano apareciera en mi espalda
y tu nombre
lo estuviera gritando
en cada poema que te escribo
(y en los que murieron antes de ser).
Siendo tu recuerdo
un dolor al lado izquierdo,
no paro de nombrarte
por sentirme viva...
por saber que siento.

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