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martes, 22 de septiembre de 2015

El agua cae gota a gota.
El sol se despide
sabiendo que mañana volverá.
Los árboles se curvan
como un escudo
que aísla a quien duerme
en su almohada.
El hombre se ha quitado
la máscara que le oprime.
No es libre.
La libertad es una utopía,
él es capaz de contártelo
sin palabras.
Sin sonrisas.
Lo sabe y eso le pesa
en las estaciones
de toda una vida
amarrado a una maleta,
sujetando un billete de ida.
El eterno inmigrante,
el eterno extranjero.
Incluso en su propia tierra.
Conoce la sensación
de conquistar el mundo
y no haber impuesto su nombre
a todo aquel que pasaba.
Sigue teniendo el poder
de traspasar pieles,
de ir más allá
de una simple adaptación pasajera.
Él es toda persona
que le toca el alma.

El agua es un torrente,
arrasa todo lo que encuentra
a su paso.
Los árboles se tambalean,
soportando el peso de su realidad.
Ni siquiera las ramas
son capaces de protegerlo.
Pero su humanidad,
con los pies en el torrente,
y la mirada en las nubes,
sabe que tiene en la tierra

un lugar donde volver a gritar.

___

No suelo hacer esto, pero este poema tiene nombre y apellidos. Gracias por la vida.
Si el sentimiento tiene nombre y apellidos, las palabras tienen banda sonora. Gracias a Good Morning Finch y su canción "Amo quando cadi giù", por conseguir que refleje un interior convulso. Grupo que recomiendo, sin duda alguna. Para todo aquel interesado en su música, podéis encontrarlos en Facebook y YouTube.

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