Se resbalan lágrimas de sangre
en la despedida al sol,
tintando de oscuridad total
al verso que salió de una pluma
sin nombre,
y no encuentra papel
en el que desembocar.
Han matado a la poesía
y en los diarios
las esquelas aún están plagadas
de gente que dejó de fumar.
La noche nunca
fue tan eterna
como ahora.
La poesía ha muerto
y ya no queda quien sonría versos.
Nos asaltan imágenes
donde el asesino
y el asesinado
comparten la misma sangre;
de pájaros de hierro
cuyas despedidas
no tienen fecha de caducidad;
del opio del pueblo
que mira con desdén
a una mayoría esclava
de heridas que no llevan su nombre
(ni su media luna);
de dioses autoproclamados
que visten de vanidad,
alzando negativas
a corazones rotos
por los martillos que ellos vendieron.
Ellos también matan a sus hermanos.
Ellos también matan a la poesía.
Nadie recuerda
que sus pasos
también fueron los nuestros;
que la historia se repite,
aunque los nombres,
los hombres,
sean distintos.
La poesía ha muerto
y comparte tumba
con la humanidad.
Siempre quedará Granada ;)
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