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sábado, 27 de diciembre de 2014

El hombre (me) sugiere lo contrario

La metamorfosis de una mariposa
es el símil con el que la naturaleza se podría comparar
a ti cuando te quitas la ropa.
Los vecinos se quejan
cuando dicen que hay un caballo desbocado
queriendo agujerearles la pared.
Lo comprenderían perfectamente
si te vieran aparecer
de puertas para dentro.
Aunque para ellos,
mi habitación es un establo
y aciertan: no paro de buscar
mi aguja
en tu pajar.
Hemos enrojecido al sol
y la luna ve nacer una nueva estrella
en la supernova que formamos
y
yo
en las cuatro patas de la cama.

A la mañana siguiente
gustas de comprobar los restos
de las gatas en celo que nos poseían
y nos miramos desde detrás de dos tazas.
Volvemos a pegar con versos
la rutina que rompimos unas horas antes.
Me susurras que no,
que no me maquille,
que tengo las ojeras más bonitas de toda la ciudad,
porque llevo tu nombre en ellas.

Salgo a atacar a la ciudad de nuevo,
gritándole al reloj para que las manillas corran más.
El guaperas de la oficina me vuelve a adular
y yo mientras pienso en la selva que montaré en casa
con dos copas de vino
y tus ojos de gata.

El guaperas no lo sabe
pero el hombre me sugiere todo lo contrario.
Lo entenderíais si la vierais cuando se esconde
entre las sábanas,
para jugar al pilla-pilla en el que siempre gana.
Ganamos.
Entenderíais que las musas no hagan nada
para quitarle el puesto.
Porque ser musa no es hacer,
es ser.
Y ella es todos los poemas

que aún me quedan por escribir.

domingo, 23 de noviembre de 2014

Los rusos me atormentan

No tiene sentido.
Como un vaso de leche caliente en medio del infierno
para calmar los diablos que me atormentan.
Me he sentado a conversar con ellos
y aparecían todos los nombres con los que vienes a doler.
Hicimos recuento de todas las veces que vendí mi alma
a esa compradora de sueños por cumplir,
hacia todos los huecos donde me dejaría la piel,
una y otra vez.
Hacia ti.
Cuando nos chocamos en esa librería de París
y llevabas una mirada que ningún libro se atrevería a describir,
tampoco nos dimos tiempo a que lo hicieran;
cuando nos plantamos en Berlín de un salto
porque era el punto intermedio,
el vértice donde decidimos cortar nuestros segmentos;
que si estabas triste,
asaltábamos Ámsterdam y todos los museos
se rendían ante la escultura de mis deseos
y en Viena te llamaban para que te pasearas en año nuevo,
por eso de tu voz…
cuando te perdí por Moscú para ver quién (se) corría más
y los putos rusos no dejaban de atormentarnos,
¿recuerdas cómo les señalábamos el cielo con el corazón
mientras les mostrábamos el pecado carnal
que escondían nuestras bocas?
Firmé mi propia sentencia de muerte
cuando en plena Guerra Fría
hice un grafiti desde la estatua de la libertad
a todos esos rascacielos:
“Maia ducha, ya liubliu tibia”
esos putos rusos a veces tenían palabras bonitas,
y toda la ciudad interpuso una orden de alejamiento
de tus pies a sus cielos.

No tienes sentido.
Pero qué bonito es perder el mundo
contigo conmigo.

miércoles, 22 de octubre de 2014

L

Ele tiene el pelo del color del sol,
por eso de tener dorado
el motor principal de su cuerpo.
Tiene corazón
para todos
los públicos.

Ele tiene la fuerza de un titán
pero llora cuando sueña
y el pasado acuchilla las cicatrices,
que sigue sintiendo cerca
aunque corra a años de distancia.

Ele tiene nombre de cantante,
pide permiso mil veces antes de dormir
y es el primero en venir a decirte:
buenos días, princesa”
sin palabras,
pero siempre
con un beso cerca.

Ele apaga el mundo,
mi mundo,
cuando vamos buscando primaveras.
Nos contamos historias
para dormir
siempre entrelazados.

Ele se deshace
cuando una mano perdida
viene a encontrar.
Se deja hacer
y se empapa del calor ajeno.
Si te alejas, descuida
te hará volver.

Ele ama
y en sus fauces
siempre guarda un leve mordisco
que precede a un gesto sincero.

Ele nos duele
cuando la miel de su mirada
se torna gris.
Nos enfrentamos a un pasado
del que no quiere hablar,
pero del que se sigue queriendo escapar
en silencio.

Ele duerme
bajo las ropas tendidas
al amparo del astro al que gana
en color,
en calor.
Lo mira con los ojos cerrados
y le reta a buscar
un ser más feliz que él.

Ele le lleva dos años de ventaja.

Ele de Leiva

jueves, 16 de octubre de 2014

Oda a una manzana

Los poetas
sueñan con tu sueño eterno.
No se paran a pensar
que merece la pena
verte vivir
a esperarte soñar.

Tienes millones de bodegones
eres la protagonista encarnada
de la frustración de tantos pinceles.
Miradas impregnadas de odio
que por tu piel se resbalan.

Luego,
eres una más entre cientos,
en la cotidianidad del viandante.
Despistado,
pasa su vista por tus curvas
sin imaginar
la cantidad de sabores
que albergas.

Una mano inocente
te lleva a imaginar
que existe vida
más allá de un
árbol.

Te vuelves roja
cuando labios amigos
te vienen a devastar
el interior
y te rompen el corazón
en dos.

Verde que te quiero, manzana,
para colgarme en tu rama
y que veamos la vida pasar.

miércoles, 17 de septiembre de 2014

Tengo unas nubes sabor a sal,
un verso que no sabe escribir,
cuatro besos que no dar
y algunas cuerdas que arrancar.
Tengo ganas de correr,
de olvidar a qué sabe amar,
de volver a los sonidos del ayer
y a por esos besos que me tienes que dar.

A veces,
tengo sueños que cumplir
aparcados entre los blancos papeles
que nunca llegaré a escribir.

Sueño con volver a soñar
devolviéndole al miedo las ganas de ganar,
corriendo siempre primero,
dejándolo bien atrás.

Nunca llego a alcanzar
las ocasiones que se me escapan de las manos
y se me desdibujan todos los planos
en los que te pienso abrazar.

A veces dejo caer
los recuerdos que me quedan por crear,
pero lo retomo cada vez
que tus manos me vuelven a besar.

Un abandono a la desdicha de la suerte
en la que soy naufrago de versos,
no quedan razones para poder verte
que puedan partir de este cuerpo.

Juego a las cartas con la suerte,
reina de mi desdicha,
la pobre olvida que poesía es quererte
y que sin quererte no hay poesía.
 

Cada columna es un poema de manos diferentes.
Gracias por volver.

martes, 12 de agosto de 2014

Crónica de un fin de semana

Llevo la rutina cosida a mis pasos.
Misma hora, mismo sitio,
pero esa estatua del pasado ya no está,
ahora queda un vestigio del presente
que no me representa.
Me he sentado contigo y te invito a un café,
amiga encapuchada.
Se ha pasado a contarme
que las agujas del reloj nos ahogan
y nos ahogamos con ellas,
nos tiramos al futuro
sin recordar al amante presente.
Eso es lo que nos mata,
lo que nos hiere.

“Recuerda, carpe diem et noctem como forma de vida”

Vuelvo al incesante tecleo de una oficina gris
en un edificio rojo.
Luego voy a encontrarte,
a un café con la vida,
con la amistad,
con las puertas a otros mundos.
Aunque sueltas algún punto de sutura
de esas cicatrices ya bien cerradas,
me regalas más de lo que me pudieron destruir…

Hamodillah.

En la puerta del baño
de un bar cualquiera,
la conjunción copulativa que actúa como nexo
entre dos nombres
lo hace también entre mi pasado más cercano
y mis errores.
Los combato lanzando carcajadas al futuro,
o a la noche,

mañana recordaré las cicatrices.

sábado, 14 de junio de 2014

Señora

Buenos días,
no la conozco,
pero sé que existe.

Señora:
es usted el verso
que encabalga
todos mis poemas;
el acento de la palabra "acción"
el espíritu suave del amor.

Es usted
el consuelo del desconsuelo;
la posibilidad que confirma la regla,
"que a lo imposible
le vienen grandes dos letras",
dice usted.

Es usted
la mirada de mi perdón,
la sonrisa de mi desamor,
yo,
con patria blanca y verde,
he alzado por usted mi bandera
(que es la suya)
y mi país está
en el mar que habita
en sus ojos.

Señora,
no la conozco,
pero sé que existe.

Este humilde ser
es, tan sólo,
quien va a decorar su tristeza
con los versos que le regala;
su soledad,
se queda en las grandes ciudades
porque,
aunque no la conoce,
sabe que cuando usted aparezca,
unirá cielo y tierra
y se irán a vivir a las nubes.

Usted y yo
seremos ajenos
al desastre que originamos
en el resto del planeta
por pronunciar esa palabra.

Sin embargo,
señora,
yo soy ese capítulo eterno
del libro de su vida,
pero a usted le gusta
tan despacio leer,
que usted no me conoce,
pero yo

que
existe.