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martes, 14 de enero de 2014

Revolvió

Se ahogan
todos los poemas escritos
y todos los poetas vivos
en el mar de la incertidumbre
cuando se dejan llevar
por el vaivén de tus caderas
y no saben nadar.

Eres una melodía inacabada,
una bienvenida al caos
que tú misma originas
cuando pasas por las vidas,
como un huracán
con dos ojos marrones
de las tierras que vienes a revolver.

Por tu espalda,
suben las escaleras
que bajan al cielo
de los infiernos.

Infierno...
Lleno de enamorados
a los que tatuaste sin dolor:
"Este invierno comienza aquí",
y te fuiste sin decir adiós.

Locos...
que siguen buscando tu perfume
en ropas ajenas,
tu sabor,
en bocas ajenas,
pero solo encuentran
una solitaria estación
donde recogen a la pena.
La acompañan a su habitación,
le hablan de ti
de cómo les corres
por las venas,
y que ya no se corren
sin tu presencia.
Ahora se conforman con encontrar
alguna clavícula que follarse,
alguna distancia que fumarse,
en un cigarro solitario de después
del desastre que originaste.

Que pones la vida patas arriba
y no vuelves a ordenarla.

Pero esperas
en cualquier esquina
para arrancar
al transeúnte distraído
y romper así
su tranquilidad.

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