Publicaciones

jueves, 16 de octubre de 2014

Oda a una manzana

Los poetas
sueñan con tu sueño eterno.
No se paran a pensar
que merece la pena
verte vivir
a esperarte soñar.

Tienes millones de bodegones
eres la protagonista encarnada
de la frustración de tantos pinceles.
Miradas impregnadas de odio
que por tu piel se resbalan.

Luego,
eres una más entre cientos,
en la cotidianidad del viandante.
Despistado,
pasa su vista por tus curvas
sin imaginar
la cantidad de sabores
que albergas.

Una mano inocente
te lleva a imaginar
que existe vida
más allá de un
árbol.

Te vuelves roja
cuando labios amigos
te vienen a devastar
el interior
y te rompen el corazón
en dos.

Verde que te quiero, manzana,
para colgarme en tu rama
y que veamos la vida pasar.

miércoles, 17 de septiembre de 2014

Tengo unas nubes sabor a sal,
un verso que no sabe escribir,
cuatro besos que no dar
y algunas cuerdas que arrancar.
Tengo ganas de correr,
de olvidar a qué sabe amar,
de volver a los sonidos del ayer
y a por esos besos que me tienes que dar.

A veces,
tengo sueños que cumplir
aparcados entre los blancos papeles
que nunca llegaré a escribir.

Sueño con volver a soñar
devolviéndole al miedo las ganas de ganar,
corriendo siempre primero,
dejándolo bien atrás.

Nunca llego a alcanzar
las ocasiones que se me escapan de las manos
y se me desdibujan todos los planos
en los que te pienso abrazar.

A veces dejo caer
los recuerdos que me quedan por crear,
pero lo retomo cada vez
que tus manos me vuelven a besar.

Un abandono a la desdicha de la suerte
en la que soy naufrago de versos,
no quedan razones para poder verte
que puedan partir de este cuerpo.

Juego a las cartas con la suerte,
reina de mi desdicha,
la pobre olvida que poesía es quererte
y que sin quererte no hay poesía.
 

Cada columna es un poema de manos diferentes.
Gracias por volver.

martes, 12 de agosto de 2014

Crónica de un fin de semana

Llevo la rutina cosida a mis pasos.
Misma hora, mismo sitio,
pero esa estatua del pasado ya no está,
ahora queda un vestigio del presente
que no me representa.
Me he sentado contigo y te invito a un café,
amiga encapuchada.
Se ha pasado a contarme
que las agujas del reloj nos ahogan
y nos ahogamos con ellas,
nos tiramos al futuro
sin recordar al amante presente.
Eso es lo que nos mata,
lo que nos hiere.

“Recuerda, carpe diem et noctem como forma de vida”

Vuelvo al incesante tecleo de una oficina gris
en un edificio rojo.
Luego voy a encontrarte,
a un café con la vida,
con la amistad,
con las puertas a otros mundos.
Aunque sueltas algún punto de sutura
de esas cicatrices ya bien cerradas,
me regalas más de lo que me pudieron destruir…

Hamodillah.

En la puerta del baño
de un bar cualquiera,
la conjunción copulativa que actúa como nexo
entre dos nombres
lo hace también entre mi pasado más cercano
y mis errores.
Los combato lanzando carcajadas al futuro,
o a la noche,

mañana recordaré las cicatrices.

sábado, 14 de junio de 2014

Señora

Buenos días,
no la conozco,
pero sé que existe.

Señora:
es usted el verso
que encabalga
todos mis poemas;
el acento de la palabra "acción"
el espíritu suave del amor.

Es usted
el consuelo del desconsuelo;
la posibilidad que confirma la regla,
"que a lo imposible
le vienen grandes dos letras",
dice usted.

Es usted
la mirada de mi perdón,
la sonrisa de mi desamor,
yo,
con patria blanca y verde,
he alzado por usted mi bandera
(que es la suya)
y mi país está
en el mar que habita
en sus ojos.

Señora,
no la conozco,
pero sé que existe.

Este humilde ser
es, tan sólo,
quien va a decorar su tristeza
con los versos que le regala;
su soledad,
se queda en las grandes ciudades
porque,
aunque no la conoce,
sabe que cuando usted aparezca,
unirá cielo y tierra
y se irán a vivir a las nubes.

Usted y yo
seremos ajenos
al desastre que originamos
en el resto del planeta
por pronunciar esa palabra.

Sin embargo,
señora,
yo soy ese capítulo eterno
del libro de su vida,
pero a usted le gusta
tan despacio leer,
que usted no me conoce,
pero yo

que
existe.

sábado, 24 de mayo de 2014

Voy a callarme porque es sábado...

La felicidad es el tiempo
que hay entre tus ojos y el olvido.
Esa resaca que te lleva a la orilla
o te devuelve a la última cerveza.
La distancia entre la última calada
y nuestro primer beso.

La felicidad no es más que el segundo
que separa mi palabra de tus labios,
un beso de buenas noches perdido
en otros versos que ya no controlo.
Una cerilla mojada que quiere encenderse
cuando le sacas la lengua a la suerte.

La felicidad no es más que
tu sonrisa a cámara lenta,
el miedo de dos ciegos a no verse más
o la tinta de tus sueños en mis letras.
El reflejo que te devuelven mis ojos
es la imagen de la felicidad absoluta.

La felicidad eres tú, amor,
en todas las formas en las que te dejas ver,
apareces en forma de poesía para sangrar,
para cerrar las heridas que otros debieron lamer.
Es la cadencia de tus caderas,
revolviendo lo que queda de mi mar.

A veces se nos olvida
que sabemos hacer poesía
a dos manos.
Pero siempre nos quedarán los sábados
para callarnos todas esas cosas
que no solemos decir.
No tenemos ni puñetera idea de qué escribimos
pero oye, de vez en cuando, hacemos poesía,
con versos también.
Más que un placer, 
llamémoslo una suerte
el poder escribir contigo,
E.

sábado, 17 de mayo de 2014

Con las cicatrices también se baila

Le he cerrado la puerta
a las ocasiones perdidas
para ganar
todo lo que no puedo perder.
Le he echado llave
al miedo
por el miedo,
me he dejado ganar
por las cicatrices
que vuelven a ser heridas abiertas.
De estas cenizas
no hay ningún ave Fénix
que vaya a renacer
de este corazón,
al que la oscuridad
ha teñido de azul.
Por eso,
me quedo paseando
con mis circunstancias,
que recitaron nuestro poema
pero tú ya no estabas
(ni si quiera sé
si estuviste
alguna vez)
A ritmo de latido
te saco a bailar,
porque hoy lloverá
aunque no amenacen nubes
en el cielo,
en mí
se acerca un temporal.
Y aunque tú no lo sepas,
ni si quiera seas consciente
en la distancia me dicen:
"las cicatrices
se pueden bailar también"
pero resulta
que yo
soy zurda
de los dos pies.

A Nuria
por la idea
desde la distancia.

martes, 6 de mayo de 2014

A veces
el mundo es tan estúpido
que necesitamos autodestruirnos
para salvarnos.

Es un pañuelo blanco
lleno de mocos y sangre:
lo primero,
por todos los llantos que nos provoca;
lo segundo,
por todas las heridas que no cierran bien.
Y mandamos a la mierda
esa norma de no fumar
antes de las doce,
que la madrugada
ha acuchillado
todos los poemas
en forma de tic tac.

Tic tac.

Pero hay cosas que no cambian:
Valdemoro siempre llevará el 13,
Escandar tiene más co-razones
que Mónica heridas en su clavícula izquierda.
Me seguiré perdiendo con Pablo
en noches de cervezas
más que poesía.

Y la gaviota sigue anhelando tu mar verde,
pero claro,
eso tú no tienes que saberlo
(aunque ya va siendo hora
de que cambie).

A veces,
el mundo es tan estúpido
que necesitamos autodestruirnos
para sentirnos
vivos.