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martes, 22 de septiembre de 2015

El agua cae gota a gota.
El sol se despide
sabiendo que mañana volverá.
Los árboles se curvan
como un escudo
que aísla a quien duerme
en su almohada.
El hombre se ha quitado
la máscara que le oprime.
No es libre.
La libertad es una utopía,
él es capaz de contártelo
sin palabras.
Sin sonrisas.
Lo sabe y eso le pesa
en las estaciones
de toda una vida
amarrado a una maleta,
sujetando un billete de ida.
El eterno inmigrante,
el eterno extranjero.
Incluso en su propia tierra.
Conoce la sensación
de conquistar el mundo
y no haber impuesto su nombre
a todo aquel que pasaba.
Sigue teniendo el poder
de traspasar pieles,
de ir más allá
de una simple adaptación pasajera.
Él es toda persona
que le toca el alma.

El agua es un torrente,
arrasa todo lo que encuentra
a su paso.
Los árboles se tambalean,
soportando el peso de su realidad.
Ni siquiera las ramas
son capaces de protegerlo.
Pero su humanidad,
con los pies en el torrente,
y la mirada en las nubes,
sabe que tiene en la tierra

un lugar donde volver a gritar.

___

No suelo hacer esto, pero este poema tiene nombre y apellidos. Gracias por la vida.
Si el sentimiento tiene nombre y apellidos, las palabras tienen banda sonora. Gracias a Good Morning Finch y su canción "Amo quando cadi giù", por conseguir que refleje un interior convulso. Grupo que recomiendo, sin duda alguna. Para todo aquel interesado en su música, podéis encontrarlos en Facebook y YouTube.

lunes, 13 de abril de 2015

Pura didáctica

Mis vecinos no se saben mi nombre,
pero les vas a romper el séptimo sueño
para demostrarles que el paraíso terrenal
vive en mi habitación.
La brújula que señala al cielo
rompe todas las coordenadas
para señalarte a ti.

Desaparecen las cuerdas que me atan
cuando explotas la locura que me aprieta
y ya mis manos toman el control
de mi mente,
que agoniza por arañar la muerte
que escondes entre tus caderas.
Desgarro la levedad de mi ser
con los saltos que me llevan
de mis costumbres
a tus costuras;
de tus costuras
a tus cicatrices;
y tus cicatrices
de espaldas a la pared,
para que se sonrojen
con todo lo que van a ver.

Los botones de mi camisa
juegan al escondite entre tu boca,
que te vuelves fiera al caer la noche
y no hay quién se atreva a domarte.
Créeme,
estás preciosa
cuando te pierdes en la madrugada
y apareces sin ser llamada
para hacer volar mi imaginación
y mi ropa interior.

La bombilla ya no se enciende,
se fundió de mirar
cómo se deslizaba la cremallera
de ese vestido de otoño
que tanto me gusta quitarte.
La guitarra se ha quedado muda:
los secretos inconfesables
que nos dijimos entre suspiros
aún resuenan en cada una de sus cuerdas.
La calavera se ha escapado
de mi bandera pirata,
nunca se acostumbra
a que me atraques
a mano desarmada.

Todos los poetas que viven en mi estantería
se empalman cada vez que te pones
de espaldas a ellos,
cara a mi cama,
disparándome
con tus manos,
tus pechos
y tu mirada;
y se machacan los versos envidiosos
de ver cómo te hago tocar el cielo
viajando en primera clase,
sin salir de mis dedos.

Fiera,
hemos vuelto a desbocar el caballo,
sin tener ninguna intención de calmarlo.

Mis vecinos de arriba no se saben mi nombre,
pero les tiemblan el suelo cada vez que me tocas
y mis vecinos de abajo creen que no existo,
pero creen que el techo sobre sus cabezas caerá.
Mis vecinos saben que existes,
y estás en todas sus bocas
sin salir de la mía.
No lo comprenden, pero...
lo nuestro
es
pura

didáctica.

sábado, 4 de abril de 2015

Alaia

La vida no tiene sentido
si nunca la has visto tomarse una caña
con el mar de fondo
y sabiendo que le darías la espalda
a todos los atardeceres del mundo
por poder refugiarte durante la fugacidad
de un
segundo
en el paraíso que esconde tras sus ojos.

Alaia va contra natura:
tiene en sus ojos el fuego y la tierra
y sabrás del paraíso cuando la oigas reír
a carcajadas, absorbiendo todo el aire después.
Rompe con todos los elementos
y así le tiene ganada la guerra a la naturaleza.

Es la mezcla de todos los libros
que cuentan historias que sabe
que en algún momento vivirá.
Por eso,
si miras su espalda,
encuentras la libertad tatuada
en su lado izquierdo.
En el mismo sitio en el que vive
su libertad:
su corazón.
Es el que dicta su destino,
porque Alaia baila,
aún lejos de los escenarios,
ella sigue bailando.

Baila con los sueños a flor de piel
(y creo que nadie la superará en eso).

No me habléis de paisajes
si no la habéis visto beber de la botella
para espantar a todos los fantasmas de la noche.
Que tiene a la música babeando
por el ritmo y la cadencia
que deja en cualquier nota
con el compás de sus caderas
que van y vienen…
van y vienen…
Que los poetas que no la conocen
se siguen ahogando en poemas que no tienen sentido
porque no es ella el motivo principal
de su poesía
y siguen buscándola paseando las manos
debajo de las faldas equivocadas.

Ella tiene la legitimidad de ser
la cara más bonita
de todo Madrid
y creedme si os digo
que he visto muchas caras
de y por Madrid.

Las musas son y no se hacen.
Alaia no hace nada para serlo,
pero no hay mujer en este mundo
que sea tan musa

como lo es ella.

sábado, 27 de diciembre de 2014

El hombre (me) sugiere lo contrario

La metamorfosis de una mariposa
es el símil con el que la naturaleza se podría comparar
a ti cuando te quitas la ropa.
Los vecinos se quejan
cuando dicen que hay un caballo desbocado
queriendo agujerearles la pared.
Lo comprenderían perfectamente
si te vieran aparecer
de puertas para dentro.
Aunque para ellos,
mi habitación es un establo
y aciertan: no paro de buscar
mi aguja
en tu pajar.
Hemos enrojecido al sol
y la luna ve nacer una nueva estrella
en la supernova que formamos
y
yo
en las cuatro patas de la cama.

A la mañana siguiente
gustas de comprobar los restos
de las gatas en celo que nos poseían
y nos miramos desde detrás de dos tazas.
Volvemos a pegar con versos
la rutina que rompimos unas horas antes.
Me susurras que no,
que no me maquille,
que tengo las ojeras más bonitas de toda la ciudad,
porque llevo tu nombre en ellas.

Salgo a atacar a la ciudad de nuevo,
gritándole al reloj para que las manillas corran más.
El guaperas de la oficina me vuelve a adular
y yo mientras pienso en la selva que montaré en casa
con dos copas de vino
y tus ojos de gata.

El guaperas no lo sabe
pero el hombre me sugiere todo lo contrario.
Lo entenderíais si la vierais cuando se esconde
entre las sábanas,
para jugar al pilla-pilla en el que siempre gana.
Ganamos.
Entenderíais que las musas no hagan nada
para quitarle el puesto.
Porque ser musa no es hacer,
es ser.
Y ella es todos los poemas

que aún me quedan por escribir.

domingo, 23 de noviembre de 2014

Los rusos me atormentan

No tiene sentido.
Como un vaso de leche caliente en medio del infierno
para calmar los diablos que me atormentan.
Me he sentado a conversar con ellos
y aparecían todos los nombres con los que vienes a doler.
Hicimos recuento de todas las veces que vendí mi alma
a esa compradora de sueños por cumplir,
hacia todos los huecos donde me dejaría la piel,
una y otra vez.
Hacia ti.
Cuando nos chocamos en esa librería de París
y llevabas una mirada que ningún libro se atrevería a describir,
tampoco nos dimos tiempo a que lo hicieran;
cuando nos plantamos en Berlín de un salto
porque era el punto intermedio,
el vértice donde decidimos cortar nuestros segmentos;
que si estabas triste,
asaltábamos Ámsterdam y todos los museos
se rendían ante la escultura de mis deseos
y en Viena te llamaban para que te pasearas en año nuevo,
por eso de tu voz…
cuando te perdí por Moscú para ver quién (se) corría más
y los putos rusos no dejaban de atormentarnos,
¿recuerdas cómo les señalábamos el cielo con el corazón
mientras les mostrábamos el pecado carnal
que escondían nuestras bocas?
Firmé mi propia sentencia de muerte
cuando en plena Guerra Fría
hice un grafiti desde la estatua de la libertad
a todos esos rascacielos:
“Maia ducha, ya liubliu tibia”
esos putos rusos a veces tenían palabras bonitas,
y toda la ciudad interpuso una orden de alejamiento
de tus pies a sus cielos.

No tienes sentido.
Pero qué bonito es perder el mundo
contigo conmigo.

miércoles, 22 de octubre de 2014

L

Ele tiene el pelo del color del sol,
por eso de tener dorado
el motor principal de su cuerpo.
Tiene corazón
para todos
los públicos.

Ele tiene la fuerza de un titán
pero llora cuando sueña
y el pasado acuchilla las cicatrices,
que sigue sintiendo cerca
aunque corra a años de distancia.

Ele tiene nombre de cantante,
pide permiso mil veces antes de dormir
y es el primero en venir a decirte:
buenos días, princesa”
sin palabras,
pero siempre
con un beso cerca.

Ele apaga el mundo,
mi mundo,
cuando vamos buscando primaveras.
Nos contamos historias
para dormir
siempre entrelazados.

Ele se deshace
cuando una mano perdida
viene a encontrar.
Se deja hacer
y se empapa del calor ajeno.
Si te alejas, descuida
te hará volver.

Ele ama
y en sus fauces
siempre guarda un leve mordisco
que precede a un gesto sincero.

Ele nos duele
cuando la miel de su mirada
se torna gris.
Nos enfrentamos a un pasado
del que no quiere hablar,
pero del que se sigue queriendo escapar
en silencio.

Ele duerme
bajo las ropas tendidas
al amparo del astro al que gana
en color,
en calor.
Lo mira con los ojos cerrados
y le reta a buscar
un ser más feliz que él.

Ele le lleva dos años de ventaja.

Ele de Leiva

jueves, 16 de octubre de 2014

Oda a una manzana

Los poetas
sueñan con tu sueño eterno.
No se paran a pensar
que merece la pena
verte vivir
a esperarte soñar.

Tienes millones de bodegones
eres la protagonista encarnada
de la frustración de tantos pinceles.
Miradas impregnadas de odio
que por tu piel se resbalan.

Luego,
eres una más entre cientos,
en la cotidianidad del viandante.
Despistado,
pasa su vista por tus curvas
sin imaginar
la cantidad de sabores
que albergas.

Una mano inocente
te lleva a imaginar
que existe vida
más allá de un
árbol.

Te vuelves roja
cuando labios amigos
te vienen a devastar
el interior
y te rompen el corazón
en dos.

Verde que te quiero, manzana,
para colgarme en tu rama
y que veamos la vida pasar.