
Dicen que la vida es un juego de azar. Tiras los dados de la suerte y así te labras tu propio porvenir. Pero, ¿no se puede hacer trampas? Todo queda en manos del incierto destino, lo venidero. Yo sólo quiero saber la razón por la cual no controlamos lo que Jorge Bucay llamaría caballos. Nuestros desbocados corazones eligen sin preguntar “¿esto está bien?” o “¿esto me sentará bien?” No. Ellos no preguntan. Pero después tienen que sufrir las consecuencias. El amor es una partida de póquer, lo apuestas todo (sentimientos, alma y cuerpo) al postor que tu corazón decide y, con un sólo movimiento, te desvalija de todo lo que tienes y lo que tendrás. ¿Qué nos queda? Caer, levantarnos y volver a caer. Hasta que al final, dicen, encontramos a alguien. El ser humano es un ser dependiente de su propia raza: siempre busca a alguien para su segundo tramo. El ser humano es cobarde por naturaleza: le da miedo pasar sus días y envejecer sin una compañía. El ser humano es ludópata y su corazón está enfermo: por eso duele apostar nada y perderlo todo.
ES el precio que hay que pagar (te lo mdice uno que cayo muchas veces antes de encontrar a mi dama)...y la verdad es que merece la pena...besos,Sunshine
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