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martes, 6 de mayo de 2014

A veces
el mundo es tan estúpido
que necesitamos autodestruirnos
para salvarnos.

Es un pañuelo blanco
lleno de mocos y sangre:
lo primero,
por todos los llantos que nos provoca;
lo segundo,
por todas las heridas que no cierran bien.
Y mandamos a la mierda
esa norma de no fumar
antes de las doce,
que la madrugada
ha acuchillado
todos los poemas
en forma de tic tac.

Tic tac.

Pero hay cosas que no cambian:
Valdemoro siempre llevará el 13,
Escandar tiene más co-razones
que Mónica heridas en su clavícula izquierda.
Me seguiré perdiendo con Pablo
en noches de cervezas
más que poesía.

Y la gaviota sigue anhelando tu mar verde,
pero claro,
eso tú no tienes que saberlo
(aunque ya va siendo hora
de que cambie).

A veces,
el mundo es tan estúpido
que necesitamos autodestruirnos
para sentirnos
vivos.

2 comentarios:

  1. Esa mezcla de acidez, desencanto y ternura esconde una gran sabiduría, ese poso tienen tus letras...y es un placer beber de ellas....

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    1. Y tú eres parte de la fuente de la que bebo yo. Contar con tales referentes sí que es un placer.
      Un beso enorme

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