Huele a frío,
desgarrado tiempo del inframundo.
Alejas a todo, hacia lo más profundo.
Sus almas van en un río.
Huele a invierno,
al vacío de sus sábanas
que dejaste una mañana
cuando los segaste con tu guadaña.
¿Hueles la tristeza
que a tu paso riega
jardines de maleza
de dolores y de pena?
Huele, amiga encapuchada,
y date la vuelta,
que no quiero ver tu faz manchada,
que mi pena anda suelta.
domingo, 27 de enero de 2013
lunes, 10 de diciembre de 2012
De Granada (1º)
Somos lo que somos.
Ni más, ni menos.
Somos el abismo del deseo.
Somos las ganas, el empeño.
Somos la duda, la fuerza y el sueño.
Somos poesía barata
de bares de tapas.
Somos obras literarias
con premios y capas.
Somos sonrisas, lágrimas gastadas.
Somos la vida infernal
de ese ángel celestial.
Somos lo que somos.
Ni más, ni menos.
Ni más, ni menos.
Somos el abismo del deseo.
Somos las ganas, el empeño.
Somos la duda, la fuerza y el sueño.
Somos poesía barata
de bares de tapas.
Somos obras literarias
con premios y capas.
Somos sonrisas, lágrimas gastadas.
Somos la vida infernal
de ese ángel celestial.
Somos lo que somos.
Ni más, ni menos.
En Huelva, 6 de diciembre de 2012
martes, 27 de noviembre de 2012
domingo, 25 de noviembre de 2012
María Dueñas - El tiempo entre costuras
Después de Dime quién soy, decidí seguir con la temática de la mujer luchadora del siglo XX, condicionada por los avatares políticos y cuya vida se influye por estos. Así, además de la recomendación de mi madre y mi tía para que empezara a leer este libro, es como me acerqué a El tiempo entre costuras. Quién le diría a Sira Quiroga las vueltas que le da la vida: todos los acontecimientos históricos que vive, las personas influyentes de las que se rodea, las que entran y salen de su vida sin previo aviso, las idas y venidas por dos mundos: su España natal y un Marruecos desconocido.
Además de aspectos de la historia que ya conocía, que se presentan desde el punto de vista de esta joven modista que se abre camino por un mundo convulso y que cae para aprender a levantarse, me llama la atención cómo la autora hace que toda esta historia comience: una Hispano Olivetti. Como ella misma dice, si esa tarde no hubiera decidido ir a comprarla, su vida hubiera sido totalmente diferente, no se sabe si más fácil o más difícil. Este juego de coincidencias y situaciones que hacen que la historia (y la vida) no sea tal y como la protagonista tenía planeada, es el recurso ideal usado por la autora para comenzar un libro que, aparentemente inocente, comienza a cobrar más sentido y a entramar un argumento que se va hilando entre patrones.
martes, 6 de noviembre de 2012
Dame limosna de amores, doloresDespojos de un recuerdo vivido,
enterrado bajo llave en un baúl
para que este corazón, dolorido,
descanse en el mar azul.
... y pon en mí tú unas flores
Dolores que dejan cautivas
las ganas de lo que queda por vivir.
La herida, escondida, atractiva
a los ojos de quien no sabe de ti.
Ten piedad samaritana de lo amargo de mi ser
Piedad, tiende una mano
amplia, fuerte, segura,
a este deshecho humano
con la piel desnuda.
¿No te da pena que llore?
No, no me des limosna de amores.
Dame el pleno sentimiento
de las mariposas y flores de colores
lanzadas contra el viento.
lunes, 29 de octubre de 2012
Aburrimiento compartido
prefiero ahogarme en los labios
del deseo encarnado,
de la estupidez de los sabios
por las ganas contenidas
en el sueño desvelado.
Respirar es aburrido,
prefiero ahogarme en tus labios,
hundirme en los sonrientes ojos
de un mar liberado
de sus propias garras opresoras.
Humo de cigarro compartido.
Simplemente porque respirar es aburrido.
viernes, 26 de octubre de 2012
La Luna le sabe a poco
Granada se miró al espejo. El reflejo le
devolvía la imagen de un cuerpo dañado por los azotes de los vendavales de las
emociones que la habían recorrido a lo largo de su corta vida. A sus escasos
24, se disimulaba las profundas ojeras que decoraban sus ojos marrones,
simples, pero tristes. Odiaba la forma en la que se le enmarañaba el cabello
después de días de movimientos. Odiaba la desnudez de sus manos sin ningún tipo
de complemento que las decoraran. Odiaba sus grandes pies que soportaban el
liviano peso de un cuerpo y el peso de un alma forjada en hierro. Odiaba sus
inseguridades. Por eso se comportaba como lo hacía. Un suspiro la sacó de su
reflexión matutina. Se volvió rápidamente para comprobar que su última aventura
nocturna seguía durmiendo. Así era. Regresó a la conversación con su reflejo. Pensándolo
bien, después de una capa de maquillaje todo cambia: sus ojeras parecían menos
profundas, sus labios parecían más apetecibles y la cetrina piel que le
recubría el rostro parecía sacada de un catálogo de modelos. Sin embargo, la
tristeza de sus ojos no se podía tapar de ninguna manera. Eso le gustaba porque
aunque su filosofía de vida era aceptar el pasado como pisado, no había que
olvidarlo en ningún momento ya que es el pasado el que condiciona el presente y
dictamina nuestro futuro. Con lo que le quedaba de corazón guardado en una
pequeña caja, había llegado a conocer las sábanas de los más variopintos dormitorios.
Había estado embadurnada en el olor de las sábanas de hostal así como en las
suites más señoriales que podía imaginar. Siempre abandonada a lo que esa noche
el destino le tenga preparado, dejándose llevar sin pensar y curar así su
desvencijado corazón. Eso era lo que ella creía o al menos intentaba. Esta vez
era su suspiro el que la invitaba a abandonar las reflexiones. Un abrazo la
sorprendió en medio de sus cavilaciones. Aquella desconocida se había propuesto
regalarle algo más que un abrazo para empezar el día. Con una sonrisa rota la
miró y se dejó hacer. Porque a Granada, la luna le sabe a poco.
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