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Tengo unas nubes sabor a sal,
un verso que no sabe escribir,
cuatro besos que no dar
y algunas cuerdas que arrancar.
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Tengo ganas de correr,
de olvidar a qué sabe amar,
de volver a los sonidos del ayer
y a por esos besos que me tienes que dar.
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A veces,
tengo sueños que cumplir
aparcados entre los blancos papeles
que nunca llegaré a escribir.
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Sueño con volver a soñar
devolviéndole al miedo las ganas de ganar,
corriendo siempre primero,
dejándolo bien atrás.
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Nunca llego a alcanzar
las ocasiones que se me escapan de las manos
y se me desdibujan todos los planos
en los que te pienso abrazar.
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A veces dejo caer
los recuerdos que me quedan por crear,
pero lo retomo cada vez
que tus manos me vuelven a besar.
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Un abandono a la desdicha de la suerte
en la que soy naufrago de versos,
no quedan razones para poder verte
que puedan partir de este cuerpo.
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Juego a las cartas con la suerte,
reina de mi desdicha,
la pobre olvida que poesía es quererte
y que sin quererte no hay poesía.
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Cada columna es un poema de manos diferentes.
Gracias por volver.