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martes, 8 de abril de 2014

Ocho de abril y aparece la primavera

Vengo buscando abril,
abril sin alergias emocionales,
ni resacas sentimentales,
abril para formar recuerdos
en tus risas y vaivenes.

La primavera duele a los cerezos,
así como los versos desangran,
con tinta,
las venas de quien los escribe
llegando a asfixiar
el centro
de su savia.

Yo,
cuerpo que ahoga las ilusiones,
me dejé llevar por un diente de león,
esperando que la boca que escondía
me destrozara,
me devorara
una y otra vez, sin vuelta atrás.

Ambidiestra de manos,
zurda para amar,
no soy muy diestra en esa materia,
que hasta un cactus
se marchita a mi lado.

Vine buscando abril,
lo encontré donde no pude imaginar:
en la casa de un poeta
donde los recuerdos habitan,
no deshabitan
y no dejan intimidad.
En la poesía pura
paseando todos los rincones,
un escritor se desnuda
porque le tocan el alma
sin manos, sin tacto,
sólo con palabras
(ya ves, te desarman con tu propia arma)

Vine buscando abril.
Y la primavera,
sin amor,
me sigue sabiendo a ti.

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