Buenos días,
no la conozco,
pero sé que existe.
Señora:
es usted el verso
que encabalga
todos mis poemas;
el acento de la palabra "acción"
el espíritu suave del amor.
Es usted
el consuelo del desconsuelo;
la posibilidad que confirma la regla,
"que a lo imposible
le vienen grandes dos letras",
dice usted.
Es usted
la mirada de mi perdón,
la sonrisa de mi desamor,
yo,
con patria blanca y verde,
he alzado por usted mi bandera
(que es la suya)
y mi país está
en el mar que habita
en sus ojos.
Señora,
no la conozco,
pero sé que existe.
Este humilde ser
es, tan sólo,
quien va a decorar su tristeza
con los versos que le regala;
su soledad,
se queda en las grandes ciudades
porque,
aunque no la conoce,
sabe que cuando usted aparezca,
unirá cielo y tierra
y se irán a vivir a las nubes.
Usted y yo
seremos ajenos
al desastre que originamos
en el resto del planeta
por pronunciar esa palabra.
Sin embargo,
señora,
yo soy ese capítulo eterno
del libro de su vida,
pero a usted le gusta
tan despacio leer,
que usted no me conoce,
pero yo
sé
que
existe.
sábado, 14 de junio de 2014
sábado, 24 de mayo de 2014
Voy a callarme porque es sábado...
La felicidad es el tiempo
que hay entre tus ojos y el olvido.
Esa resaca que te lleva a la orilla
o te devuelve a la última cerveza.
La distancia entre la última calada
y nuestro primer beso.
La felicidad no es más que el segundo
que separa mi palabra de tus labios,
un beso de buenas noches perdido
en otros versos que ya no controlo.
Una cerilla mojada que quiere encenderse
cuando le sacas la lengua a la suerte.
La felicidad no es más que
tu sonrisa a cámara lenta,
el miedo de dos ciegos a no verse más
o la tinta de tus sueños en mis letras.
El reflejo que te devuelven mis ojos
es la imagen de la felicidad absoluta.
La felicidad eres tú, amor,
en todas las formas en las que te dejas ver,
apareces en forma de poesía para sangrar,
para cerrar las heridas que otros debieron lamer.
Es la cadencia de tus caderas,
revolviendo lo que queda de mi mar.
que hay entre tus ojos y el olvido.
Esa resaca que te lleva a la orilla
o te devuelve a la última cerveza.
La distancia entre la última calada
y nuestro primer beso.
La felicidad no es más que el segundo
que separa mi palabra de tus labios,
un beso de buenas noches perdido
en otros versos que ya no controlo.
Una cerilla mojada que quiere encenderse
cuando le sacas la lengua a la suerte.
La felicidad no es más que
tu sonrisa a cámara lenta,
el miedo de dos ciegos a no verse más
o la tinta de tus sueños en mis letras.
El reflejo que te devuelven mis ojos
es la imagen de la felicidad absoluta.
La felicidad eres tú, amor,
en todas las formas en las que te dejas ver,
apareces en forma de poesía para sangrar,
para cerrar las heridas que otros debieron lamer.
Es la cadencia de tus caderas,
revolviendo lo que queda de mi mar.
A veces se nos olvida
que sabemos hacer poesía
a dos manos.
Pero siempre nos quedarán los sábados
para callarnos todas esas cosas
que no solemos decir.
No tenemos ni puñetera idea de qué escribimos
pero oye, de vez en cuando, hacemos poesía,
con versos también.
Más que un placer,
llamémoslo una suerte
el poder escribir contigo,
E.
sábado, 17 de mayo de 2014
Con las cicatrices también se baila
Le he cerrado la puerta
a las ocasiones perdidas
para ganar
todo lo que no puedo perder.
Le he echado llave
al miedo
por el miedo,
me he dejado ganar
por las cicatrices
que vuelven a ser heridas abiertas.
De estas cenizas
no hay ningún ave Fénix
que vaya a renacer
de este corazón,
al que la oscuridad
ha teñido de azul.
Por eso,
me quedo paseando
con mis circunstancias,
que recitaron nuestro poema
pero tú ya no estabas
(ni si quiera sé
si estuviste
alguna vez)
A ritmo de latido
te saco a bailar,
porque hoy lloverá
aunque no amenacen nubes
en el cielo,
en mí
se acerca un temporal.
Y aunque tú no lo sepas,
ni si quiera seas consciente
en la distancia me dicen:
"las cicatrices
se pueden bailar también"
pero resulta
que yo
soy zurda
de los dos pies.
a las ocasiones perdidas
para ganar
todo lo que no puedo perder.
Le he echado llave
al miedo
por el miedo,
me he dejado ganar
por las cicatrices
que vuelven a ser heridas abiertas.
De estas cenizas
no hay ningún ave Fénix
que vaya a renacer
de este corazón,
al que la oscuridad
ha teñido de azul.
Por eso,
me quedo paseando
con mis circunstancias,
que recitaron nuestro poema
pero tú ya no estabas
(ni si quiera sé
si estuviste
alguna vez)
A ritmo de latido
te saco a bailar,
porque hoy lloverá
aunque no amenacen nubes
en el cielo,
en mí
se acerca un temporal.
Y aunque tú no lo sepas,
ni si quiera seas consciente
en la distancia me dicen:
"las cicatrices
se pueden bailar también"
pero resulta
que yo
soy zurda
de los dos pies.
A Nuria,
por la idea
desde la distancia.
martes, 6 de mayo de 2014
A veces
el mundo es tan estúpido
que necesitamos autodestruirnos
para salvarnos.
Es un pañuelo blanco
lleno de mocos y sangre:
lo primero,
por todos los llantos que nos provoca;
lo segundo,
por todas las heridas que no cierran bien.
Y mandamos a la mierda
esa norma de no fumar
antes de las doce,
que la madrugada
ha acuchillado
todos los poemas
en forma de tic tac.
Tic tac.
Pero hay cosas que no cambian:
Valdemoro siempre llevará el 13,
Escandar tiene más co-razones
que Mónica heridas en su clavícula izquierda.
Me seguiré perdiendo con Pablo
en noches de cervezas
más que poesía.
Y la gaviota sigue anhelando tu mar verde,
pero claro,
eso tú no tienes que saberlo
(aunque ya va siendo hora
de que cambie).
A veces,
el mundo es tan estúpido
que necesitamos autodestruirnos
para sentirnos
vivos.
el mundo es tan estúpido
que necesitamos autodestruirnos
para salvarnos.
Es un pañuelo blanco
lleno de mocos y sangre:
lo primero,
por todos los llantos que nos provoca;
lo segundo,
por todas las heridas que no cierran bien.
Y mandamos a la mierda
esa norma de no fumar
antes de las doce,
que la madrugada
ha acuchillado
todos los poemas
en forma de tic tac.
Tic tac.
Pero hay cosas que no cambian:
Valdemoro siempre llevará el 13,
Escandar tiene más co-razones
que Mónica heridas en su clavícula izquierda.
Me seguiré perdiendo con Pablo
en noches de cervezas
más que poesía.
Y la gaviota sigue anhelando tu mar verde,
pero claro,
eso tú no tienes que saberlo
(aunque ya va siendo hora
de que cambie).
A veces,
el mundo es tan estúpido
que necesitamos autodestruirnos
para sentirnos
vivos.
miércoles, 23 de abril de 2014
Todo lo que se quedó por decir y nunca te diré
Una noche de diciembre
que parecía de septiembre.
Las noches en portales ajenos
compartiendo lo puta que es la vida,
y las ganas que le tenemos.
Luego,
la esperanza vino a teñirse de verde,
por eso de la envidia
del calor de tu mirada.
Los poetas se desnudan
para alcanzar la pureza,
pero olvidan sus propósitos
al verte aparecer.
Siguen desnudos,
a versos descubiertos,
a poesía abierta.
La pena te huye,
que tu sonrisa es un sable
que la arranca de vidas ajenas,
para luego celebrarlo
con la víctima liberada
compartiendo el humo en tu banco favorito
o dejándote llevar
por tu rubia favorita.
Los versos sabor insomnio
que te cuelgan de la espalda
a la espera de un cualquiera
que sepa escribirlos
a la altura de la musa.
Una llamada inesperada
para luchar con la ansiedad
de un cuerpo caído,
que vienes a tender una mano
para hacerlo avanzar
y al oído decirle a gritos:
"¿ves?
Eres buena,
eres lista,
eres muy importante"
y a la mierda todos los libros de autoayuda
si sigues aquí...
Quizás,
me haya ganado el reloj,
pero tengo una libreta
llena de cosas bonitas
que se me quedaron por decir
y nunca te dije.
que parecía de septiembre.
Las noches en portales ajenos
compartiendo lo puta que es la vida,
y las ganas que le tenemos.
Luego,
la esperanza vino a teñirse de verde,
por eso de la envidia
del calor de tu mirada.
Los poetas se desnudan
para alcanzar la pureza,
pero olvidan sus propósitos
al verte aparecer.
Siguen desnudos,
a versos descubiertos,
a poesía abierta.
La pena te huye,
que tu sonrisa es un sable
que la arranca de vidas ajenas,
para luego celebrarlo
con la víctima liberada
compartiendo el humo en tu banco favorito
o dejándote llevar
por tu rubia favorita.
Los versos sabor insomnio
que te cuelgan de la espalda
a la espera de un cualquiera
que sepa escribirlos
a la altura de la musa.
Una llamada inesperada
para luchar con la ansiedad
de un cuerpo caído,
que vienes a tender una mano
para hacerlo avanzar
y al oído decirle a gritos:
"¿ves?
Eres buena,
eres lista,
eres muy importante"
y a la mierda todos los libros de autoayuda
si sigues aquí...
Quizás,
me haya ganado el reloj,
pero tengo una libreta
llena de cosas bonitas
que se me quedaron por decir
y nunca te dije.
sábado, 19 de abril de 2014
A todas. A ninguna. A ti. A mí. A ellas.
Me sonrojo
al pensar en la mirada que llevas,
con el color de la tierra,
con el café,
con el que inundas todos mis insomnios
al que aún no le he puesto tu nombre,
porque sé que te irás,
que nunca serás
el lado femenino
de esta historia.
Que el destino siempre gana la partida
y me alejará de esa tez
para que vayan otros labios
a versarla.
Por mucho que tu sonrisa
luche contra mis malas compañías,
eres esa pesadilla de los poetas
que sólo te tienen durante sus noches,
por eso,
aunque sufran,
no despiertan.
Vale la pena un rato
de tu magia negra
aunque dejes la soledad
como secuela...
**
Pero,
a través del arco del recuerdo,
vuelve a sonar
como una sinfonía sin fin,
el eco de tu risa.
Y sonrío,
porque tu recuerdo aún quema
en lo más exterior de mi piel,
que nunca se fundió con la tuya,
por eso de que el miedo
no te dejaba ver.
Me tiñes los ojos
de esperanza,
aunque llevara su color
muchos años antes
de que tu mano apareciera en mi espalda
y tu nombre
lo estuviera gritando
en cada poema que te escribo
(y en los que murieron antes de ser).
Siendo tu recuerdo
un dolor al lado izquierdo,
no paro de nombrarte
por sentirme viva...
por saber que siento.
al pensar en la mirada que llevas,
con el color de la tierra,
con el café,
con el que inundas todos mis insomnios
al que aún no le he puesto tu nombre,
porque sé que te irás,
que nunca serás
el lado femenino
de esta historia.
Que el destino siempre gana la partida
y me alejará de esa tez
para que vayan otros labios
a versarla.
Por mucho que tu sonrisa
luche contra mis malas compañías,
eres esa pesadilla de los poetas
que sólo te tienen durante sus noches,
por eso,
aunque sufran,
no despiertan.
Vale la pena un rato
de tu magia negra
aunque dejes la soledad
como secuela...
**
Pero,
a través del arco del recuerdo,
vuelve a sonar
como una sinfonía sin fin,
el eco de tu risa.
Y sonrío,
porque tu recuerdo aún quema
en lo más exterior de mi piel,
que nunca se fundió con la tuya,
por eso de que el miedo
no te dejaba ver.
Me tiñes los ojos
de esperanza,
aunque llevara su color
muchos años antes
de que tu mano apareciera en mi espalda
y tu nombre
lo estuviera gritando
en cada poema que te escribo
(y en los que murieron antes de ser).
Siendo tu recuerdo
un dolor al lado izquierdo,
no paro de nombrarte
por sentirme viva...
por saber que siento.
martes, 8 de abril de 2014
Ocho de abril y aparece la primavera
Vengo buscando abril,
abril sin alergias emocionales,
ni resacas sentimentales,
abril para formar recuerdos
en tus risas y vaivenes.
abril sin alergias emocionales,
ni resacas sentimentales,
abril para formar recuerdos
en tus risas y vaivenes.
La primavera duele a los cerezos,
así como los versos desangran,
con tinta,
las venas de quien los escribe
llegando a asfixiar
el centro
de su savia.
Yo,
cuerpo que ahoga las ilusiones,
me dejé llevar por un diente de león,
esperando que la boca que escondía
me destrozara,
me devorara
una y otra vez, sin vuelta atrás.
Ambidiestra de manos,
zurda para amar,
no soy muy diestra en esa materia,
que hasta un cactus
se marchita a mi lado.
Vine buscando abril,
lo encontré donde no pude imaginar:
en la casa de un poeta
donde los recuerdos habitan,
no deshabitan
y no dejan intimidad.
En la poesía pura
paseando todos los rincones,
un escritor se desnuda
porque le tocan el alma
sin manos, sin tacto,
sólo con palabras
(ya ves, te desarman con tu propia arma)
Vine buscando abril.
Y la primavera,
sin amor,
me sigue sabiendo a ti.
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